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8 ago 2025
Seguimos avanzando en el análisis de las urgencias troncales que enfrenta nuestro sector, siguiendo el guion propuesto por GBCe en su Informe País 2024. Como continuación natural de nuestro anterior artículo sobre construcción circular, en esta nueva entrega nos centramos en una de las urgencias más reconocidas y con una hoja de ruta claramente definida: la descarbonización. Hoy conversamos con Jade Serra, arquitecta barcelonesa y miembro de la Junta Directiva de la Asociación Arquitectura y Sostenibilidad (AUS) del Colegio de Arquitectos de Cataluña, donde participa en el grupo de descarbonización. Como en ocasiones anteriores, buscamos diagnosticar la situación actual y proponer acciones para avanzar hacia una descarbonización efectiva, de la mano de especialistas que ya trabajan con este enfoque.
Abrimos la entrevista con una pregunta ya habitual: ¿Percibe el sector realmente la descarbonización como una urgencia? Y si es así, ¿cómo se está cumpliendo la hoja de ruta que marca el horizonte de 2050? Para Jade no hay duda: “Que es una urgencia creo que es algo incuestionable. Estamos en una emergencia climática. Hace poco veía una estadística de Greenpeace que decía que en Europa entre el 60 y el 80% de la población está convencida de que hay una crisis climática en la que tenemos que actuar”. Según su visión, uno de los principales obstáculos es la falta de percepción sobre la capacidad de incidir individualmente. “Pienso que el problema, tanto como profesionales como ciudadanos, es que cuesta ver la acción individual. Se da por sentado que es un ámbito en el que como individuo no puedes actuar. Alguien sacará una normativa, alguien sacará un producto, alguien innovará... En algún momento alguien lo solucionará”. Sin embargo, en una crisis como la actual, esperar pasivamente una solución externa es claramente insuficiente. “Creemos que sí se puede hacer algo como individuos o como profesionales. En nuestro estudio siempre intentamos motivar a los colegas a través de charlas, de nuestros proyectos, de divulgación. Creemos mucho en compartir nuestro trabajo. Todo empieza siempre con una persona comprometida y concienciada”.
Para Jade, “cada proceso que haces en tu trabajo es una decisión en la que puedes ponerte en lucha. El tema es que hay que adquirir esta conciencia, porque la emergencia es real. Pienso que adquirir esta conciencia como individuo es el gran reto”.
“Falta el empoderar al profesional, al ciudadano. Pero en todos los aspectos de nuestra vida. Cuando planifico mis vacaciones y evito coger un avión, cuando voy a comprar y evito comprar productos de fuera y también cuando tengo un cliente y le propongo estudiar alternativas más sostenibles para su proyecto”.
En el ámbito profesional, la formación es una herramienta clave para que cada decisión contribuya al cambio. “Sin duda, porque si no tienes unos datos sobre los que apoyarte, no tienes narrativa, no tienes discurso. Cuando tienes que explicar a un cliente o a un promotor que un aislamiento de fibra de madera es igual de efectivo que un aislamiento de XPS, tienes que poder dar datos y argumentar por qué es una alternativa real. Tienes que tener información para poder convencer al promotor, que al final es el que paga la construcción, que va a ser una solución viable, durable, que funcionará técnicamente y que no sólo nos reducirá una demanda energética, sino también una demanda de carbono”.
Pero el cambio de perspectiva que supone pasar a nivel individual de la perspectiva de la eficiencia energética a la de la descarbonización debe venir acompañada por cambios en toda la cadena de valor del sector. “Además de clientes concienciados, de profesionales igualmente concienciados y formados, e incluso de una industria que se está desarrollando, que se está innovando, en la que se está invirtiendo para reducir el impacto de los materiales fósiles, hace falta regulación”, reconoce Jade. “Estamos en una emergencia climática, una emergencia climática que amenaza la supervivencia, cuya gestión no podemos confiar únicamente a la voluntad personal de cambio. Hay unos derechos universales, un derecho a la vida de las generaciones futuras, de las personas que están sufriendo los efectos del cambio climático, que están por encima de si quieres formarte o quieres adquirir conciencia”. La eficacia de las regulaciones ya ha sido comprobada. Jade menciona los casos de Dinamarca o Francia, donde se han fijado límites de emisiones de CO2 por metro cuadrado construido, revisados periódicamente a la baja. “El resultado es que todo el sector se activa. Los profesionales se forman, la industria se desarrolla, porque hay una regulación que lo está favoreciendo. Al final es una combinación de acciones. Tenemos la responsabilidad como profesionales, pero también esas regulaciones son clave”.
Y esto cobra especial relevancia cuando, como recuerda Jade, se constata que no se está cumpliendo la hoja de ruta. “Incluso las Naciones Unidas lo ha publicado en su informe Global Status Report for Buildings and Construction hace dos años: el sector de la construcción va totalmente fuera de toda línea de descarbonización en 2050”.
“Para descarbonizarnos en 2050 con 0 neto, tenemos que pasar por una reducción de emisiones del 50% en 2030. Esto es dentro de cinco años. Y lo han dicho los científicos del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) como condición para la sobrevivencia humana. El mensaje es claro”.
“¿Y qué ha hecho el sector de la construcción, que representa casi el 40% de las emisiones de Europa, con la nueva Directiva 2024/1275 de Eficiencia Energética en Edificios (EPBD) que se publicó el año pasado? Que vamos a empezar a contar emisiones en 2030. La próxima modificación del CTE, que introduce como factor clave el potencial de calentamiento global (PCG), lo único que establece es que contamos emisiones a partir de 2030. ¿Cuándo vamos a empezar a reducirlas?”, se lamenta Jade. “Y esto sucede en Europa, que es el continente más avanzado en descarbonización, y con un compromiso, un Pacto Verde, el New European Green Deal, que dice vamos a reducir un 55% de las emisiones en 2030”.
Esta contradicción evidencia que no basta con las regulaciones para reconducir la situación. “Esto lo comentaba hace poco con uno de los responsables de la redacción de la EPBD. ¿Cómo puede ser que hayamos aprobado una EPBD que no es consistente con los objetivos de reducción de emisiones de la Unión Europea, que están basados en los objetivos que establece el IPCC?, le pregunté. Y me contestó que, después de toda una vida luchando, al final aprendes que vamos en un trasatlántico y que virarlo es lento”.
“Pero cada pequeño paso es importante y siempre será mejor reducir el calentamiento global un grado y medio que dos, y mejor dos que dos y medio. Vamos a luchar entonces por conseguir que el daño sea el menor posible para las generaciones futuras y para los millones de personas que no tienen la posibilidad de luchar y que se están viendo, o se verán, forzadas a migrar, a sufrir hambrunas o, simplemente, a no poder sobrevivir”.
Como decíamos al inicio de la charla, lo dramático de la situación no debe paralizarnos, sino motivar la acción y activar desde ya estrategias transformadoras, sin refugiarnos en normativas bienintencionadas pero ineficaces.
Ante la frecuente resistencia inicial del sector a las nuevas normativas —asociadas habitualmente a una mayor carga de trabajo y a restricciones añadidas— Jade propone un enfoque que trasciende el cumplimiento formal para centrarse en el propósito original de esas exigencias.
“El problema de las normativas es que muchas veces, como tienen que ser válidas para tantas situaciones, tienden a fijar estándares que finalmente acaban obviando parte de las situaciones por las que nacieron. Por ejemplo, en el caso de la certificación energética, se corre el riesgo de olvidar que la cuestión no es emitir un certificado de eficiencia energética sino conseguir una reducción de demanda en tu edificio que evite a su vez emisiones de carbono. El certificado es en realidad una justificación formal resultado del uso de muchas otras herramientas y de muchas otras estrategias que has tenido que utilizar e integrar el proyecto”, nos explica.
“Cuando entiendes por qué aparecen estas regulaciones y dejas de verlas como una nueva imposición para verlas como un nuevo paradigma en la forma de trabajar, entonces, todo cambia”
En Slow Studio, el despacho que Jade cofundó, el planteamiento es distinto. “Lo que hacemos es trabajar siempre con una consultora para plantear desde las primeras fases del proyecto estrategias bioclimáticas o de aislamiento y analizar su influencia real en la demanda energética”, nos dice. “Redactar un certificado de eficiencia energética, para nosotros, es un puro trámite que responde a un trabajo de varios meses. De hecho, esta parte del proyecto supone un porcentaje importante de los honorarios porque es realmente el soporte de todo el proyecto para lograr reducir la demanda a cero o casi cero”.
“Entender un certificado de eficiencia energética, que pronto exigirá además contabilizar emisiones de CO2, como un simple anexo del proyecto es problemático”, continúa Jade. “Significa que no se ha entendido nada. No se trata sólo de resolver un asunto burocrático. Se trata de que somos conscientes de que hacer arquitectura emite y de que queremos reducir su impacto. Y esto responde a una declaración potente de la Unión Europea que se ha propuesto contar el carbono que emite. Cuando integras todo esto bajo un nuevo enfoque deja de resultar un impedimento o una complicación burocrática para convertirse en algo con sentido dentro de un panorama de emergencia climática”.
Este nuevo marco normativo se enmarca en el paquete “Fit for 55” (Objetivo 55, en español), que establece el objetivo legal de reducir en al menos un 55% las emisiones de gases de efecto invernadero de aquí a 2030, respecto a los niveles de 1990, y alcanzar la neutralidad climática en 2050.
Entre las regulaciones inminentes, Jade destaca la EPBD por su impacto en la próxima actualización del CTE y la introducción de herramientas como la base de datos nacional de eficiencia energética en edificios o el pasaporte de renovación. “Tiene dos apartados fundamentales. Uno afecta a la rehabilitación del parque construido, con todo un paquete de nuevas exigencias recogidas dentro del Plan Nacional de Renovación que se está redactando ahora mismo, que va a suponer una ola de renovación que ya está empezando pero que se va a expandir en gran medida en los próximos años. El otro apartado, dirigido tanto a la rehabilitación como a obra nueva, se centra en el objetivo del Zero Emissions Building y el cómputo del potencial de calentamiento global”, resume Jade.
Para Jade, más allá de la normativa, el cambio comienza con una decisión personal: integrar una mirada amplia sobre todas las urgencias del sector, superando la visión en túnel enfocada únicamente en la descarbonización.
“Cuando un cliente me pide que le ponga PVC o un aislamiento plástico para ahorrar costes, cuento con toda mi formación para argumentar por qué no es una buena idea, pero mi determinación es la que me va a llevar a conseguir convencerle. Le propondré reducir costes en otro apartado, pero no vamos a utilizar materiales tóxicos porque no quiero que viva en una vivienda insalubre en la que su salud va a verse comprometida. Esta determinación es un ingrediente esencial de nuestro trabajo. Si el cliente no está de acuerdo quizás no seamos sus arquitectos. No vamos a construir así y no nos planteamos una vuelta atrás, antes cerramos el estudio”, asegura con firmeza
Otra clave en su metodología es abordar los detalles constructivos desde el inicio del diseño: “La fase de anteproyecto es muy importante. Hacer un diseño y tratar de encajar después materiales biogénicos, por ejemplo, no funciona. Hay que aplicar desde el minuto cero los criterios de bioclimatismo y bioconstrucción porque eso tiene implicaciones económicas, técnicas, de mantenimiento, de funcionamiento, de durabilidad que hay que plantearles a los clientes desde el primer momento. Y también ahí es donde tenemos la mayor oportunidad de reducir el carbono”.
“Una vez redactado el proyecto, cuando se está licitando, va a ser complicado hacerlo, porque no vas a entrar en costes. Y no entrar en costes quiere decir que los costes de tus ahorros los que estás externalizando. No es gratis. Lo estás ahorrando porque no estás siendo consciente”
El uso de materiales biogénicos ha sido mencionado reiteradamente por diversos especialistas como un eje fundamental en la descarbonización de la arquitectura. La idea de que la arquitectura debe volver a centrarse en la materialidad, y que el uso de materiales menos convencionales transformará radicalmente la forma de proyectar, se ha puesto encima de la mesa ya en varias de nuestras entrevistas.
Consultamos a Jade sobre su visión de los materiales como recurso de diseño en esta nueva etapa. “Hay dos reflexiones que creo que merece la pena hacer en torno a los materiales. La primera es la suficiencia. En el estudio que mencionaba del IPCC, en la última versión de la sección “Buildings”, lo primero que se habla es de suficiencia. Aunque para nosotros la primera medida en este sentido es reducir metros para poder asumir en el presupuesto nuestros costes medioambientales y no externalizarlos, aplicamos también la suficiencia reduciendo acabados”, nos explica. “Un material natural necesita pocas adiciones para ser bonito, para ser agradable, para ser saludable y para cumplir criterios de bioconstrucción, bioclimáticos y de salud. Para nosotros reducir es clave, tanto por una cuestión de costes como una cuestión de consciencia”.
“La segunda reflexión tiene que ver con el uso del término “convencional” aplicado a los materiales. Hay estudios que demuestran que los materiales biogénicos fueron mayoritarios en el planeta Tierra hasta 1945. La mayoría de nuestras ciudades están bioconstruidas. Toledo, Londres o Nueva York, hasta 1900, estaban hechas de ladrillo, piedra, tierra, cal, madera y poco más. Es a partir de finales del siglo XIX y principios del siglo XX cuando aparecen los combustibles fósiles que permiten producir acero y hormigón y plásticos. La construcción convencional lleva en pie miles de años y los materiales de origen natural, poco procesados, nos permiten construir edificios que duran miles de años en pie. Al resto los podemos etiquetar como materiales fósiles, y tienen aún mucho que demostrar”.
“Los materiales realmente convencionales son los que se han usado hasta mediados del siglo XX y llevan miles de años demostrando su durabilidad y su idoneidad técnica y no necesitan etiquetas ni declaraciones de conformidad”
Esta reflexión conecta con la pérdida del conocimiento práctico sobre el comportamiento de los materiales, especialmente los biogénicos, difícilmente sustituible por documentación técnica, y con el papel crucial de las profesiones, como la nuestra, más centradas en lo material.
Jade lo ilustra con su experiencia: “El otro día se me quejaban en las redes sociales porque en una vivienda usamos como aislamiento corcho natural, aduciendo que no tenía marcado CE ni disponía de ensayos. Con independencia de que esto no es cierto, sabemos que el corcho funciona. Los estudios energéticos salen, las mediciones in situ salen, el consumo energético finalmente es nulo, pero además no se pudre, no le atacan los insectos…”.
La formación es clave para vencer las reticencias asociadas al uso de materiales poco habituales. “Para nosotros ha funcionado. Si vamos a prescribir un material que no conocemos o con el que no hemos trabajado antes, vamos a ver al industrial, al fabricante, visitamos sus instalaciones. Es parte de nuestra formación también”, confiesa Jade. “Además de la formación reglada, pisar obra con colegas y fabricantes se ha convertido en algo habitual en nuestro estudio. Lo hemos hecho muchísimo y lo seguimos haciendo. Creo que este espíritu de colaboración, de sumar conocimiento, es clave. Es muy importante poder prescribir un material porque lo conoces y realmente sabes que funciona, más allá de lo que diga el certificado”.
Y vuelve al ejemplo del corcho natural: “Tiene garantía de por vida, tenga los certificados que tenga y eso no pasa con ningún otro material”.
Durante la conversación se han apuntado varias competencias clave para el ejercicio de nuestra profesión en este nuevo contexto que Jade —como otros especialistas entrevistados previamente— señala como ineludible. Como cierre de nuestra charla nos deja algunas recomendaciones. “Para alimentar la curiosidad, que seguramente es la actitud más importante, yo empezaría por leer El libro del clima, de Greta Thunberg, y El planeta inhóspito, de David Wallace-Wells. Es imprescindible entender qué está pasando en el planeta para actuar en consecuencia. Si no entiendes la magnitud del problema, ¿cómo vas a prescribir en conciencia un revoco de mortero de cal? Pienso que hay que entender de lo grande a lo pequeño para ser coherente”, reflexiona. “Luego, a nivel técnico, además del informe de Naciones Unidas del que ya hemos hablado, puede ser muy útil consultar el listado de recursos de la web de la Asociación Arquitectura y Sostenibilidad del Colegio de Arquitectos de Cataluña. En la web de nuestro estudio compartimos también recursos formativos que hemos ido recopilando durante los últimos años”. Por último, le pedimos una reflexión final dirigida a los profesionales del sector. Su respuesta es directa: “Es urgente formarnos y es urgente adquirir consciencia para responsabilizarnos del gran impacto de nuestro trabajo sobre la salud de las personas y la del medio ambiente en un escenario de emergencia climática”.
____________________________________________________________ Jade Serra es socia y co-fundadora de Slow Studio, un despacho de arquitectura que trabaja en la investigación y producción de arquitectura de impacto nulo poniendo por delante de todo la salud del medioambiente y de las personas. Compagina su actividad profesional con el activismo climático como vocal de la junta de AUS Arquitectos, la Asociación de Arquitectura y Sostenibilidad del Colegio de Arquitectos de Calatuña, y como vicepresidenta del Gremio de Bioconstrucción de Cataluña, participando de forma activa en lobbies para la descarbonización del sector en todo el estado. Más información: https://www.slowstudio.es/
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