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Profesionales de la arquitectura técnica ante el cambio climático

10
mar
2026

Industrialización: modelos y retos

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La industrialización se ha posicionado en el centro del discurso sectorial con una intensidad difícil de ignorar. Administraciones públicas la incorporan a sus estrategias de vivienda asequible, promotores la presentan como respuesta a la volatilidad de costes y fabricantes la vinculan a descarbonización y control de calidad. El mensaje dominante parece claro: la construcción debe abandonar definitivamente su carácter tradicional y avanzar hacia una lógica industrial madura. 

La industrialización se presenta en muchas ocasiones como la herramienta que hará posible atajar las urgencias que el sector tiene planteadas.

Modular, off-site, 2D, 3D, híbrida, digitalizada. El vocabulario técnico se amplía y el entusiasmo, en algunos foros, parece incuestionable.

Ensamblaje in situ de módulos prefabricados, de menor impacto en su entorno que el de una construcción convencional 
Fuente: https://urbanbat.org/viviendas-como-nidos

Sin embargo, cuando comenzamos nuestra conversación con Gerardo Wadel, nuestro invitado de este mes, arquitecto especialista en tecnología y producción del hábitat, el punto de partida no es precisamente celebratorio y no esconde cierta perplejidad.

 

“¿Por qué hablamos de industrialización como si la estuviéramos inventando ahora?”

 

La pregunta no es retórica. Cuestiona la narrativa de la novedad y obliga a revisar la historia antes de aceptar el presente como inevitable.

Nuestra conversación comienza ahí, no desde la euforia, sino desde la memoria.

 

Recordando la Historia

La industrialización en edificación no es un fenómeno emergente. Existen ejemplos de prefabricación incluso antes de la Primera Guerra Mundial aunque fue tras la Segunda Guerra Mundial cuando Europa desplegó el experimento más masivo de industrialización pesada aplicado a la vivienda.

La urgencia entonces era cuantitativa. Había que reconstruir ciudades enteras. La pregunta no era en aquel momento si el sistema permitía adaptaciones futuras o desmontajes selectivos. La pregunta era cuántas viviendas podían producirse por semana.

 

“En aquel contexto”, recuerda Wadel, “la prioridad era volumen y velocidad. La adaptabilidad era secundaria”

 

La respuesta es de sobra conocida: grandes paneles prefabricados de hormigón, modulación rígida, repetición intensiva y fabricación en cadena. Desde el punto de vista productivo, el modelo cumplió su función histórica. Pero su lógica interna estaba diseñada para una coyuntura específica: homogeneidad tipológica, disponibilidad de suelo, urgencia extrema.

Cuando las ciudades comenzaron a exigir mayor diversidad, integración urbana y capacidad de transformación, la rigidez dimensional mostró sus límites. No fue un fracaso técnico en bloque. Fue un sistema coherente con un contexto que, simplemente, dejó de existir.

Hoy el contexto vuelve a ser radicalmente distinto. Y no sólo por razones de productividad, como venimos analizando en esta serie de entrevistas. 

 

El carbono incorporado como punto de inflexión

Durante décadas, el debate ambiental en edificación se centró casi exclusivamente en la energía en fase de uso. La mejora de envolventes, la optimización de instalaciones y la incorporación de renovables han reducido significativamente la demanda energética operacional en muchos edificios de nueva construcción.

Pero cuando el consumo en fase de uso disminuye, el foco se desplaza inevitablemente hacia otro lugar: la energía y el carbono incorporados en los materiales.

 

“Si consigues un edificio de muy baja demanda, el impacto del hormigón, del acero o de los aislamientos pasa a tener un peso relativo mucho mayor”, explica Wadel

 

Aquí la industrialización puede parecer prometedora: mayor control de materiales, menor desperdicio, procesos más racionalizados. Sin embargo, la promesa sólo se cumple si el sistema incorpora criterios de análisis de ciclo de vida.

El traslado de procesos a fábrica no garantiza por sí mismo un impacto climático reducido. Un edificio industrializado puede ser energéticamente ineficiente en uso, incorporar materiales de alta huella de carbono, depender de transportes complejos y carecer de horizonte de desmontaje.

 

“Industrializar no equivale automáticamente a reducir impacto ambiental. Depende de qué industrialización y con qué criterios”, afirma Wadel

 

La variable crítica no es el grado de prefabricación, sino la lógica de ciclo de vida que subyace al sistema. Gerardo nos presenta un ejemplo ilustrativo, Wikihouse Barcelona, una iniciativa basada en sistemas de código abierto y producción distribuida que ha puesto la interoperabilidad y la adaptabilidad territorial en el centro de su propuesta.

Montaje de los módulos prefabricados de Wikihousing en el barrio obrero del Poble-Sec (Barcelona)
Fuente: https://urbanbat.org/viviendas-como-nidos

En proyectos como éste, los elementos prefabricados no son productos cerrados, sino piezas compatibles con distintas configuraciones urbanas y técnicas, pensadas para ser actualizadas o desmontadas con facilidad, y acompañadas de documentación abierta que facilita la trazabilidad.

Este tipo de experiencias muestran que la industrialización puede alinearse con objetivos ambientales profundos, pero sólo si se formula desde criterios deliberados de circularidad, adaptabilidad y acceso al conocimiento. 

 

La máquina de pensar y la máquina de producir

Según avanza la charla con Gerardo y profundizamos en el análisis de las implicaciones de la industrialización, la conversación se desplaza del plano técnico al organizativo.

En muchos modelos contemporáneos de industrialización, el sistema está completamente integrado: ingeniería propia, modulación específica, fábrica centralizada, logística controlada y montaje coordinado. El proyecto ejecutivo se desarrolla dentro de la misma estructura empresarial que produce los componentes.

 

«La máquina de pensar y la máquina de producir coinciden», resume Wadel. “No digo que sea malo”, matiza. “Digo que es un modelo. Y que cuando hablamos de industrialización no siempre estamos hablando del mismo modelo”

 

Desde el punto de vista de eficiencia interna, esta integración vertical reduce fricciones. Sin embargo, genera concentración de conocimiento y barreras de entrada altas.

Mientras en estos modelos cerrados el conocimiento y las decisiones quedan de alguna forma encapsulados, en iniciativas como Kabian en el País Vasco, desarrollada bajo coordinación local con estándares modulares y producción distribuida, se demuestra que la producción industrializada no tiene por qué depender de una única planta o actor dominante, sino de una red de talleres y colectivos capaces de producir bajo estándares compartidos, activando tejido productivo y social cercano y reduciendo impactos logísticos.

Imagen del prototipo de Kabian, construido por jóvenes alumnos y alumnas del taller de formación en carpintería de Peñascal Kooperatiba
Fuente: https://urbanbat.org/un-prototipo-pequeno-para-un-reto-enorme

 

 

Industrializar, sí. Pero, ¿cómo?

Pero si la obra nueva puede beneficiarse de sistemas cerrados altamente optimizados, la rehabilitación, el verdadero caballo de batalla en el escenario actual, plantea retos bien diferentes.

Buena parte del parque edificado europeo requiere intervenciones profundas para mejorar su eficiencia energética. Sin embargo, la diversidad de tipologías existentes, las irregularidades geométricas y los condicionantes urbanísticos hacen que la rigidez de los sistemas cerrados pierda eficacia.

Wadel recuerda la invitación a una empresa de construcción modular metálica en un curso sobre arquitectura industrializada. El modelo era técnicamente coherente: matrices propias, modulación estricta, catálogo base y una integración vertical del diseño ejecutivo y la ingeniería de detalle.

 

“Funcionaban muy bien cuando se daban sus condiciones”, explica. “Obra nueva, suelo virgen, perímetro libre. Si tu parcela no se adaptaba a su grilla, la conversación se acababa”

 

Frente a esto, la racionalización flexible —base de los sistemas abiertos— permite combinar estandarización con adaptación. Las piezas modulares interoperables pueden ajustarse a geometrías variables sin perder coherencia técnica, facilitando intervenciones contextualmente sensibles.

El análisis de Wadel conduce a una conclusión ineludible: la industrialización no es un destino único ni predeterminado. Es un instrumento cuyo resultado depende de las reglas que elijamos para organizarlo.

La experiencia de iniciativas como Wikihouse Barcelona y Kabian demuestra que existen formas reales de industrialización que:

  • Distribuyen capacidades productivas en lugar de concentrarlas.
  • Activan tejido productivo y conocimiento local.
  • Permiten adaptabilidad y evolución.
  • Alinean industrialización con los objetivos de circularidad exigidos por los marcos normativos emergentes.

La cuestión, por tanto, no es tanto si industrializar o no, sino cómo hacerlo y, cuestión no menor, con quién y para quién.

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                              Los talleres prácticos fueron el paso previo para la coproducción y prefabricación del prototipo de vivienda del proyecto Wikihousing
Fuente: https://wikihousing.eu/bcn/es/inicio-fase-de-autoconstruccion

 

Sistemas cerrados vs estándares abiertos

La diferencia entre modelos no es una cuestión estética ni ideológica en sentido superficial. Es una cuestión de arquitectura organizativa.

Le preguntamos directamente a Gerardo Wadel si la distinción entre sistema abierto y cerrado no es, en el fondo, un mero debate teórico.

Su respuesta es inmediata.

 

“No es teórico. Es dimensional, contractual y productivo. Y eso cambia todo”

 

Un sistema cerrado, altamente industrializado, suele partir de una lógica integrada: la empresa diseña la modulación, controla la ingeniería de detalle, fabrica los componentes, gestiona la logística y coordina el montaje.

La coherencia interna es alta. La repetibilidad se convierte en eficiencia. Las tolerancias están calculadas para un ecosistema propietario.

En promociones homogéneas y volumetrías regulares, la eficacia puede ser notable. El encaje es preciso porque todas las piezas responden a la misma lógica.

Pero esa misma coherencia puede convertirse en dependencia.

 

“El sistema funciona muy bien”, concede Wadel, “pero funciona bien dentro de su perímetro”

 

Si el proyecto necesita desviarse de la modulación prevista, si el contexto exige adaptaciones no contempladas, si el fabricante modifica estándares o desaparece, la capacidad de respuesta se resiente.

Gerardo plantea una analogía tecnológica:

 

“Es como un sistema operativo que sólo admite sus propias aplicaciones”

 

La pregunta es si la edificación —un sector dinámico caracterizado históricamente por la diversidad tipológica, la adaptación constructiva local y las sucesivas intervenciones no integrales— puede convivir con ese grado de limitación.

Un sistema abierto no implica ausencia de reglas. Implica que las reglas se sitúan en otro lugar.

En lugar de encapsular todo el proceso en un único actor, la estandarización se lleva a las interfaces: intereses estructurales, sistemas de anclaje, protocolos de unión, compatibilidad dimensional, requisitos documentales.

Distintos fabricantes pueden producir componentes compatibles siempre que respeten esas reglas del juego compartidas.

La precisión no desaparece. Se distribuye.

En este punto, Wadel recuerda experiencias concretas.

En WikiHouse Barcelona, por ejemplo, la lógica estructural de tablero mecanizado CNC responde a un sistema paramétrico abierto. Las piezas pueden producirse en distintos talleres con maquinaria accesible, siempre que respeten el estándar geométrico compartido. El conocimiento técnico no es propiedad de una única planta industrial; está documentado y disponible.

 

“La clave es que el estándar no sea propietario”, subraya

 

Imagen del prototipo WikiHousing en el marco del International Social Housing Festival (ISHF) 
Fuente: https://wikihousing.eu/bcn/es/wikihousing-en-el-ishf-2

Eso no elimina la necesidad de rigor. La aumenta. Porque la interoperabilidad sólo funciona si las reglas son claras y están bien documentadas.

 

Industrialización y su adaptación al contexto urbano

En obra tradicional, la absorción de pequeñas desviaciones se produce de manera incremental: capas intermedias, ajustes manuales, soluciones correctivas asumidas por distintos oficios.

En sistemas cerrados de alta precisión, la tolerancia está concentrada y predefinida. Las piezas deben encajar dentro de márgenes estrechos. El control y la rigidez del sistema se convierten en su principal ventaja.

Cuando trasladamos la discusión a la rehabilitación, la ventaja del sistema se diluye hasta hacer imposible su aplicación.

 

“La ciudad existente no es perfectamente ortogonal”, recuerda Wadel

 

En un edificio de los años setenta, las desviaciones acumuladas son habituales. Si el sistema industrializado exige exactitud milimétrica sin margen de adaptación, la intervención puede complicarse.

En cambio, cuando el estándar abierto define sistemas de anclaje compatibles que permite la variación en los paneles o subestructuras, la adaptación es viable.

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                      El proyecto Aligra es un sistema integrado de construcción prefabricada a base de elementos bidimensionales (2D) de madera y de productos derivados de la madera. Se trata de un sistema de código abierto que se traduce a un sistema genérico y adaptable a cualquier situación constructiva 
Fuente: https://bithabitat.barcelona/es/proyectos/aligra

Experiencias como Kabian en el País Vasco, impulsada desde dinámicas de cooperación local y producción modular compatible, muestran que es posible trabajar con sistemas industrializados en contextos reales sin imponer una geometría rígida ajena al entorno construido.

Aquí la industrialización no sustituye al contexto: dialoga con él. 

 

Escala y concentración

Las diferencias técnicas entre ambos modelos tienen consecuencias económicas.

Un modelo cerrado integrado exige inversiones iniciales elevadas: instalaciones específicas, maquinaria dedicada, desarrollo de producto propietario, certificaciones internas. El capital inmovilizado es alto. La rentabilidad depende de grandes volúmenes continuos.

 

“Cuando necesitas grandes volúmenes para amortizar la inversión, necesitas grandes contratos, lo que tiende a favorecer concentración empresarial”, apunta Wadel

 

Un modelo abierto, en cambio, puede apoyarse en redes de talleres con inversiones más contenidas, siempre que compartan estándares robustos. La escala no se logra replicando una única fábrica, sino replicando reglas comunes en múltiples nodos.

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                 Los Alojamientos de Proximidad Provisionales (APROP), de Straddle3, se componen de módulos prefabricados alrededor de los cuales se proyecta una fachada de policarbonato que responde a las alineaciones de la parcela. 
Fuente: https://straddle3.net/es/proyectos/aprop-allotjaments-de-proximitat-a-ciutat-vella-barcelona

La experiencia de WikiHouse —basada en fabricación digital distribuida— demuestra que la producción puede descentralizarse manteniendo coherencia dimensional. La experiencia de Kabian evidencia que la activación de tejido productivo local no es incompatible con racionalización constructiva.

 

“Eso distribuye más trabajo”, señala. “Crea más oportunidades. No hay una única máquina de producir”

 

Escalar sin concentrar es más complejo organizativamente, pero puede ser más resiliente territorialmente. 

 

Industrialización y gestión del conocimiento

La digitalización puede reforzar cualquiera de los dos modelos de industrialización.

Bibliotecas BIM propietarias, plataformas cerradas y control centralizado de datos pueden consolidar la concentración informacional. El proyecto queda vinculado igualmente a un ecosistema digital específico.

Pero estándares abiertos e interoperables pueden facilitar la cooperación entre múltiples agentes.

 

“La concentración no es sólo industrial”, advierte Wadel. “Puede ser informacional”

 

En iniciativas abiertas, la documentación digital forma parte del sistema compartido. Los archivos paramétricos, los protocolos de fabricación y las especificaciones técnicas no son secretos industriales inaccesibles, sino herramientas del procomún.

Y eso modifica la estructura del poder en la toma de decisiones.

En este punto la conversación adquiere matices que se obvian a menudo en los discursos actuales sobre industrialización. La discusión ya no gira en torno a si fabricar en nave es mejor que construir in situ. Gira en torno a cómo queremos que se organice el conocimiento, la inversión y la capacidad productiva del sector en las próximas décadas.

Y esa decisión, insiste Wadel, no debería pertenecerle en exclusiva a las grandes corporaciones. De hecho, en determinados contextos ni siquiera podrían hacerlo.

Pertenece también a quienes proyectan, prescriben, coordinan y validan.

La industrialización así entendida ha dejado de ser una simple cuestión de eficiencia productiva para convertirse en una decisión estructural sobre cómo organizar el sector en un contexto de transición ecológica, digital y social en la que los técnicos tienen mucho que decir.

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               Los Alojamientos de Proximidad Provisionales (APROP), un proyecto del colectivo Straddle3, pretenden afrontar de forma ágil, urgente y pragmática a situaciones de emergencia por la carencia de vivienda.
Fuente: https://straddle3.net/es/proyectos/aprop-allotjaments-de-proximitat-a-ciutat-vella-barcelona

Nuestra profesión se enfrenta a una nueva dimensión del ejercicio profesional que incluye facetas como el diseño para el desmontaje, la trazabilidad real, el pasaporte de materiales e, incluso, la redefinición de nuestra responsabilidad técnica y su papel estratégico en una industrialización abierta que ya está demostrando —con casos como WikiHouse y Kabian— que no es teoría, sino práctica en marcha.

La opinión de Wadel es clara.

 

“Es una decisión profesional. Y por tanto ética”

 

La frase no busca dramatizar. Busca recolocar la responsabilidad en la línea de lo que otros especialistas han compartido en estas mismas páginas.

 

Industrialización y ciclo de vida

En sus trabajos sobre análisis de ciclo de vida, Wadel ha insistido en que cuando reducimos la demanda energética en fase de uso —como exigen hoy los estándares más ambiciosos— el peso relativo del carbono incorporado aumenta.

Pero hay un segundo desplazamiento aún más relevante: el fin de vida.

 

“Un edificio que no puede transformarse está programando su demolición”, señala

 

La industrialización puede facilitar el desmontaje o dificultarlo. Depende de cómo se diseñen las uniones, de cómo se organicen las capas constructivas y de si la reversibilidad está prevista desde proyecto.

En un sistema cerrado orientado exclusivamente a rapidez de ensamblaje, puede priorizarse la integración irreversible: adhesivos estructurales, capas fuertemente cohesionadas, soluciones optimizadas para montaje rápido, pero no para separación limpia.

En un sistema abierto concebido con lógica de ciclo de vida, las interfaces se diseñan como puntos de futura intervención: fijaciones mecánicas accesibles, separación clara entre estructura y cerramiento, capas organizadas según vida útil, instalaciones registrables.

Que sea de una u otra forma no es una consecuencia automática de fabricar en taller. Es una decisión técnica.

En experiencias como WikiHouse Barcelona, la lógica de ensamblaje en seco y mecanizado digital facilita el desmontaje y la sustitución de piezas sin destruir el conjunto. La documentación paramétrica asociada permite conocer geometrías, materiales y procesos de fabricación con precisión. La información forma parte del sistema.

 

“La información también es un material de construcción más”, insiste Wadel.

 

Industrialización y circularidad

La circularidad real no consiste únicamente en reciclar residuos. Consiste en preservar valor.

Para preservar valor es imprescindible conocer la composición material, documentar las prestaciones, garantizar la accesibilidad a la información y permitir el desmontaje sin la degradación de los componentes del sistema.

La industrialización ofrece ventajas claras en control de producción y homogeneidad de componentes. Pero, de nuevo, el modelo organizativo condiciona el resultado.

En un sistema modelo cerrado, la trazabilidad puede existir, pero quedar limitada dentro de los límites del sistema. La reutilización futura podría depender del fabricante original.

En uno abierto, la documentación puede formar parte de un estándar compartido e interoperable. Los datos no pertenecen exclusivamente a un actor; circulan.

Iniciativas como Kabian en el País Vasco, impulsadas desde dinámicas cooperativas y producción modular compatible, muestran que es posible trabajar con componentes industrializados manteniendo acceso compartido al conocimiento y fomentando tejido productivo local. La lógica no es monopolizar información, sino sistematizarla.

Imagen de la envolvente exterior del prototipo de Kabian, expuesto en Bilbao, en la presentación pública del proyecto. 
Fuente: https://urbanbat.org/un-prototipo-pequeno-para-un-reto-enorme

Eso conecta directamente con el debate emergente sobre pasaportes digitales de materiales y bases de datos abiertas: su valor no reside sólo en existir, sino en ser interoperables. 

 

El papel de los técnicos

En modelos altamente integrados, el proveedor del sistema asume buena parte del desarrollo técnico. El proyecto se adapta al producto. El margen de prescripción externa puede reducirse.

Wadel reconoce que en sistemas cerrados parte del trabajo tradicional asociado a la dirección de ejecución puede desplazarse hacia equipos internos de la empresa industrializadora. Intentar superponer la estructura convencional de proyecto sobre un sistema completamente integrado generaría solapes innecesarios y redundancias económicas.

 

“Si todo el ejecutivo y la producción están dentro”, explica, “mantener exactamente el mismo esquema externo pierde sentido. “No es que desaparezca el trabajo”, afirma. “Es que cambia de lugar”

 

Pero inmediatamente introduce un matiz decisivo. La transformación de funciones no implica necesariamente pérdida de relevancia profesional. En sistemas abiertos, emergen tareas nuevas vinculadas a la investigación y desarrollo, a la evaluación de prestaciones en componentes reutilizados, a la verificación de calidades cuando las piezas no son nuevas, a la certificación de contenidos reciclados o renovables.

 

“La industrialización no necesariamente elimina el criterio técnico externo. Lo hace más necesario”

 

En un sistema cerrado, el riesgo está en asumir que el producto industrial garantiza automáticamente la calidad global del edificio y su sostenibilidad. Pero la coordinación con el contexto, la integración en la trama urbana, la compatibilidad con lo existente, el análisis constructivo y la evaluación de ciclo de vida siguen requiriendo análisis independiente.

En un sistema abierto, la exigencia es aún mayor. Definir interfaces, verificar compatibilidades entre fabricantes, controlar tolerancias distribuidas, integrar información digital interoperable, coordinar documentación de trazabilidad… Todo ello requiere capacidad técnica avanzada.

La industrialización abierta no reduce funciones. Las desplaza hacia tareas de integración y verificación de mayor complejidad.

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                Ejemplo de especificación de montaje de uno de los kits (kit 2: módulo de envolvente bioclimática) que componen el proyecto Aligra, un sistema integrado de módulos prefabricados de madera concebido para la rehabilitación y la ampliación de edificios residenciales. La propuesta fue seleccionada en 2023 en una convocatoria de la fundación BIT Habitat para dar respuesta al Programa de Regeneración Urbana del Ayuntamiento de Barcelona. 
Fuente: https://straddle3.net/es/proyectos/aligra

A lo largo de la conversación, se hace evidente que adquirir nuevas habilidades será clave en el posicionamiento estratégico de los técnicos, especialmente en el caso de los modelos abiertos. 
Más allá de la mera supervisión del montaje, surgen tareas que exigirán la adaptación de nuestro perfil como garante de coherencia entre estándares compartidos, criterios ambientales, documentación digital, compatibilidad entre actores y viabilidad de las soluciones industrializadas en el contexto real.

 

“Muchas manos pequeñas pueden construir algo muy sólido”, repite Wadel en clara alusión a los sistemas distribuidos. “Pero necesitan reglas claras”

 

Esas reglas no se generan espontáneamente. Como bien sabemos, se definen en el proyecto, se verifican durante la ejecución y se consolidan en la documentación.

En experiencias como WikiHouse o Kabian, la cooperación entre diseño, fabricación y montaje exigió precisamente la presencia de esa figura capaz de traducir estándares en realidad construida.

La industrialización abierta, como comenta Wadel, necesita más intervención, no menos.

 

La rehabilitación como campo de prueba

Si queremos medir la solidez del modelo, debemos situarlo en el campo más exigente: la rehabilitación del parque existente.

Como nos propone Wadel, imaginemos un programa público de mejora energética en un barrio de bloques construidos en los años setenta. Geometrías variables, patologías acumuladas, residentes que no pueden abandonar sus viviendas durante largos periodos…

Un sistema cerrado de fachada industrializada puede ofrecer rapidez de instalación, pero puede requerir ajustes complejos ante irregularidades estructurales.

Un sistema abierto basado en subestructuras compatibles y paneles intercambiables producidos bajo estándares comunes permite adaptar solución a cada bloque sin romper coherencia dimensional.

La producción puede distribuirse en talleres regionales, reduciendo transporte pesado y activando empleo local.

No es una hipótesis teórica. Es la lógica que subyace en experiencias reales de producción modular cooperativa como Kabian.

El modelo abierto se adapta a espacios urbanos residuales en los que no se ha agotado la edificabilidad 
Fuente: https://urbanbat.org/poniendo-los-cimientos-de-kabian

Aquí la industrialización no sustituye al tejido productivo. Lo reorganiza. 

 

Industrialización y resiliencia

Nuestra conversación con Wadel regresa en este punto a una dimensión más amplia, que conecta directamente con las urgencias transversales que ya analizamos en su día.

La transición ecológica no afecta sólo a los edificios como productos terminados. Afecta igualmente a la estructura del sector que los produce y al conjunto de la sociedad.

Si la industrialización se traduce en concentración, parte del tejido profesional y empresarial corre el riesgo de quedar desplazado. La eficiencia ambiental podría lograrse a costa de la fragilidad sistémica.

 

“La transición también debe ser justa dentro del sector”, advierte Wadel

 

Un modelo abierto permite incorporación progresiva de pequeñas y medianas empresas a procesos tecnificados, siempre que existan estándares claros y documentación accesible. Permite distribuir aprendizaje. Permite generar resiliencia territorial.

Inspirado en la cultura maker, el prototipo Kabian se basa en procesos low-tech. Su pretensión es convertir la vivienda en una herramienta pedagógica para quienes más necesitan nuevas oportunidades laborales 
Fuente: https://urbanbat.org/un-prototipo-pequeno-para-un-reto-enorme

Industrializar no es sólo optimizar costes. Es decidir cómo se distribuyen las capacidades y oportunidades entre todos los intervinientes en el proceso, una cuestión que trasciende lo técnico y que obliga a repensar el modelo antes de decantarse por una u otra herramienta de intervención.

 

Una reflexión final

Al final de la conversación, la conclusión no es ambigua.

 

“Industrializar es necesario”, afirma Wadel. “Pero no cualquier industrialización”

 

Podemos optar por sistemas cerrados altamente eficientes en entornos homogéneos, aceptando concentración y dependencia.

O podemos construir estándares abiertos, interoperables y exigentes, capaces de escalar sin concentrar y de integrar diversidad territorial.

Una vez más, el reto no es tecnológico. Y las experiencias de WikiHouse Barcelona y Kabian, entre otras, demuestran que la segunda vía no es utopía. Existe y funciona.

Porque industrializar no es sólo fabricar distinto.

 

_______________________________________________

Gerardo Wadel es Arquitecto, Especialista en Tecnología y Producción del Hábitat y Doctor en Arquitectura. Socio fundador de la asesoría en sostenibilidad de la edificación Societat Orgànica, que impulsa el cambio de modelo del sector hacia el cierre de los ciclos materiales. Profesor e Investigador universitario en España y Argentina. Miembro Asociado y Evaluador Acreditado de la certificación Verde y la Taxonomía Europea de Green Building Council España. Miembro de la agrupación AuS, arquitectura y sostenibilidad, del COAC. Especializado en análisis de ciclo de vida de los edificios, tecnología de la construcción de bajo impacto ambiental y certificación de sostenibilidad de la edificación. 
Más información: https://societatorganica.com

 

Referencias

  • Diputació de Barcelona. (s.f.). La promoción de vivienda asequible con sistemas industrializados. https://llibres.diba.cat/es/libro/la-promocion-de-vivienda-asequible-con-sistemas-industrializados_71988
  • Urbanbat. Poniendo los cimientos de Kabian. https://urbanbat.org/poniendo-los-cimientos-de-kabian
  • WikiHousing Barcelona. (2026). Inicio. https://wikihousing.eu/bcn/es/inicio/
  • Urbanbat. Oficina de innovación urbana. https://urbanbat.org/
  • Straddle3. Inicio. https://straddle3.net/es/
  • YouTube. [Vídeo]. https://www.youtube.com/watch?v=T76xkKYeAPo&t=6s
  • 011h. Página principal. https://www.011h.com/
  • BitHabitat Barcelona. Proyecto ALIGRA. https://bithabitat.barcelona/es/proyectos/aligra/

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