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13 jun 2025
Tras el análisis en nuestras anteriores entregas de la transición justa y la viabilidad económica como urgencias para el sector, nos embarcamos ahora en la tarea de situar la salud como la tercera de las calificadas como transversales en el Informe País 2024 de GBCe. Para ello hemos contactado con Sonia Hernández-Montaño, arquitecta barcelonesa especializada en edificación y salud, y asesora de entidades públicas y privadas en esta materia. Una de las primeras conclusiones que hemos podido extraer de las anteriores entrevistas con especialistas es que la salud es raramente percibida como una urgencia. Bien por considerarse supeditada a cuestiones valoradas como más apremiantes —como las económicas— o bien por la dificultad para establecer el vínculo entre un determinado diseño y su efecto en el bienestar de las personas, lo cierto es que la salud no es, hoy por hoy, el criterio fundamental en la toma de decisiones en nuestro sector. Le preguntamos a Sonia por su postura a este respecto: “Evidentemente la salud es una urgencia que no puede desvincularse de los aspectos medioambientales que ya se han ido integrando, aunque de forma a veces banal, en el diseño arquitectónico”. “Actualmente estamos dentro del túnel de carbono y no establecemos su vínculo con los temas de salud, de la misma forma que en su momento relacionábamos la sostenibilidad con el derretimiento de los casquetes polares y no veíamos en qué afectaba eso a nuestra actividad”, dice Sonia.
“Como pone de manifiesto el enfoque One Health, todo está absolutamente relacionado. Todos esos aspectos medioambientales que antes nos quedaban tan alejados resultan que impactan directamente sobre nuestra biología. Por lo tanto, la salud es, al final, parte de la continuidad de nuestra especie en este planeta”.
El sector de la construcción no puede mirar hacia otro lado cuando hablamos de impactos sobre la salud, “que se ve atentada por las decisiones que hemos ido tomando en los últimos años y que sabemos que tienen repercusiones no sólo medioambientales, sino también sobre nuestra salud”, comenta Sonia. “Así que sí, definitivamente, la salud es una urgencia”, remarca.
Y sin embargo la visibilidad del reto que supone aplicar criterios de salud en la edificación es aún escasa. “En general, el sector no percibe que la urgencia sea tal. A veces oímos expresiones de buenas intenciones pero siempre se condiciona a que ocurran otras cosas: seguir creciendo, la industrialización, la digitalización…”. Tras superar el periodo post-COVID da la impresión de que el sector ha vuelto sobre sus pasos, desviando la atención sobre las repercusiones de la arquitectura sobre la salud humana. “Algo está cambiando, pero no con la urgencia y con la emergencia que realmente se necesita”, reconoce Sonia.
“Seguimos siendo un sector muy conservador en el que hay un gran juego económico de por medio y afrontar todos los cambios que implica introducir la salud realmente en el diseño arquitectónico supone no solamente un cambio de chip mental, sino también en el uso habitual de materiales, de tecnologías y de sistemas que generan una resistencia enorme”.
En nuestra charla con Sonia queda patente la evidencia científica sobre los impactos de los espacios construidos sobre la salud. ¿Cómo accionar la palanca que ponga en marcha la implementación de todo el conocimiento disponible sobre el tema? “En el fondo no es difícil de llevar a cabo. Creo que se necesita visibilizar mucho más toda esta información, de manera sencilla y clara, para que llegue y para que se entienda, y para no generar un problema más, porque ya tenemos muchos problemas en el sector de la construcción”. El reto parece estar entonces en hacer comprensible y coherente toda esa información y para ello el camino pasa, en opinión de Sonia, por la simplificación. “Estamos inmersos en continuos cambios, ahora, por ejemplo, con el aterrizaje de la EPBD. Va a aparecer un nuevo DB el año que viene, que va a hablar de sostenibilidad. Aunque llegue 20 años tarde y de forma bastante superficial, pues bienvenido sea. Pero no se trata de añadir regulaciones, no se trata de ampliar el Código Técnico, de introducir más variables inconexas entre sí”, nos dice.
“Lo que realmente necesitaría el sector es una revisión y redefinición de algunos objetivos para que después tú puedas desarrollar cualquiera de los infinitos caminos disponibles para conseguirlos”.
Pero, como admite Sonia, “el sector es bastante conservador y en esta situación hay que intentar divulgar y difundir al máximo, para hacer ver que incluso dentro de esa estructura, que parece tan hermética, se pueden hacer muchas cosas”. Como hemos analizado en anteriores artículos, los análisis económicos clásicos y los enfoques meramente normativos aún lastran la actividad del sector, haciéndolo poco flexible y reticente a los cambios. Confundir coste con valor o limitarse al cumplimiento del Código Técnico es, claramente, ir por detrás de lo que el contexto actual requiere. Le preguntamos a Sonia qué está en nuestra mano hacer cuando la inercia de un sector como el nuestro parece impedir un cambio de rumbo cuya urgencia está respaldada por datos. “Para mí, las posibilidades realistas son la divulgación y difusión. Se trata de transmitir que dentro de este sistema tan rígido podemos tomar decisiones, si tenemos ese conocimiento, que realmente integren una ecología profunda y también criterios de salud. En su momento se empezó hablando de sostenibilidad medioambiental a nivel de edificios y ahora se hace ya de descarbonización, circularidad, etc. Cuando incluimos también la salud en la conversación, en realidad, estamos hablando el mismo lenguaje”, argumenta Sonia.
La analogía con el lenguaje nos parece en este punto muy acertada porque nos pone definitivamente en la pista del camino que nos propone Sonia. “Si cada vez más agentes del sector de la construcción están sensibilizados con todos estos datos, con toda esta información, y hablan este lenguaje, pueden tomar decisiones que hagan posible el cambio, al margen de la estructura desde la que lo hagan. De hecho, en el pasado Congreso de Arquitectura y Salud del COAC (Col.legi d’Arquitectes de Catalunya), hace un par de semanas, en dos mesas redondas distintas, salió precisamente el tema de que el cambio tiene que venir por parte de la sociedad”. El mensaje, puesto que de lenguaje hablamos, es claro para Sonia: “El cambio está en la masa crítica y no en una estructura. Aunque la normativa llegue mal y tarde tenemos todas esas acciones de colectivos que empujan y que hacen cambios en su nivel. Desde cooperativas de vivienda con su enfoque social hasta fabricantes y productores con una mirada distinta, la clave está en unificar toda esa sensibilidad a nivel social, más o menos técnica, integrando, por supuesto, a los técnicos”.
“Ahí es donde está la energía real de cambio. Así que quizá lo que tenemos que hacer es colaborar con esas iniciativas, trabajar de manera más unificada, ver todos los trabajos paralelos que se están realizando en paralelo y darles voz. Y, sobre todo, facilitar que toda esta información tenga una transmisión de conocimiento que capacite y que llegue a donde tiene que llegar”.
Precisamente la gestión del conocimiento en torno a los materiales y los sistemas constructivos puede ser un claro ejemplo de cómo acercarse al ámbito de la salud desde una competencia profesional tan característica en el trabajo de profesionales de la arquitectura técnica. Más allá del control documental para la recepción de productos, de la disponibilidad de distintivos de calidad o evaluaciones técnicas o de la realización de ensayos, la comprensión de las propiedades físicas, químicas y biológicas de los materiales de construcción es fundamental. En palabras de nuestra invitada, “la aproximación a los materiales que aprendimos en la universidad es muy técnica, centrada sobre todo en la parte estructural y la resistencia mecánica, pero no en sus otras propiedades físicas y de cómo se relacionan con el ambiente interior”. Cuando nos aproximamos a los materiales desde el punto de vista de la salud, su estudio adquiere matices que deberían formar parte de ese lenguaje del que hemos hablado un poco más arriba: “Por ejemplo, cobran muchísima importancia aspectos como la diferencia entre aislamiento e inercia y su equilibrio, la higroscopicidad, las emisiones de volátiles o la reflexión acústica”, nos aclara Sonia.
“No se trata sólo de elegir un aislamiento por su conductividad térmica. Todo está relacionado y quizá tenemos que ampliar la mirada hacia esas otras propiedades de los materiales y aprender a reconocerlas para evaluar en toda su complejidad su comportamiento dentro de un sistema constructivo y tomar después las mejores decisiones”.
De hecho, como comentamos con Sonia, la regulación normativa avanza ya en esa línea, aunque no sin dificultades. “Europa ya está propiciando que tengamos toda esa información, ya no solamente sobre los aspectos de carbono embebido que dan mucha más información sobre el análisis de ciclo de vida, sino sobre el resto de contaminantes de materias primas, de información relativa al producto. El nuevo reglamento de productos de construcción que se aprobó en diciembre a nivel europeo está diciendo que, aparte de los temas de circularidad y medioambientales, hay que considerar las emisiones de micro y nanoplásticos, la emisión de materia particulada, de radioactividad... y, en fin, todos estos aspectos que desde la bioconstrucción, ya hace tiempo que viene investigando y difundiendo”.
Sonia nos insiste: “Como técnicos, somos el final de esa cadena, pero podemos empezar a elegir conocer todo eso, ya no solamente porque decidamos trabajar con criterios de salud, sino porque cada vez va a ser más necesario. Declaraciones ambientales de producto, declaraciones de prestaciones, fichas de seguridad…Todo va a complejizarse y va a ser más necesario que nunca comprender cómo se comportan los materiales. Es el momento en el que nos toca vivir. Y quien no esté preparado no va a saber tomar decisiones”.Sonia lo sabe de primera mano: “Ahora mismo, por ejemplo, en los pliegos de condiciones de los proyectos del Institut Català del Sòl (INCASÒL) que estoy revisando ya se están pidiendo unas prestaciones muy específicas, evaluando el porcentaje de inercia con respecto al aislamiento o estableciendo estrategias bioclimáticas. Sin embargo algunas propuestas arquitectónicas proyectan atrios, que son simplemente un patio de ventilación con una cubierta, o describen una galería bioclimática que es un balcón sin capacidad de captar inercia térmica.”
“Hay una decepción muy grande en la lectura de todo eso. Necesitamos entender en más profundidad todas estas nuevas reglas del juego. Y la base de esas reglas del juego está en los materiales y en conocer sus propiedades.”
Ante este panorama, el perfil del técnico parapetado detrás de su ordenador, lidiando individualmente con todo tipo de trabas, sobrepasado por un número creciente de disposiciones regulatorias hace aguas y demanda una redefinición que devuelva el sentido a nuestras profesiones. “Aportamos mucho a la sociedad. No solamente facilitamos una licencia sino que realmente estamos generando los hábitats donde viven las personas. Y eso tiene una importancia trascendental, que nosotros mismos no valoramos”, se sincera Sonia. “Muchas veces los técnicos sufren las consecuencias de vivir la cara más amarga de sus trabajos: el control del presupuesto, los enfrentamientos con el promotor y el constructor… Todo eso que es muy duro. Pero si somos capaces de ver el valor que estamos aportando a la sociedad, podemos sentir que estamos haciendo algo bonito. Es verdad que estoy luchando con cosas, que en ocasiones estoy en medio de toda esa maraña pero lo puedo sublimar”. En opinión de Sonia, es esta manera de entender lo que hacemos la que, aplicada desde la perspectiva de la salud, dota de un nuevo sentido nuestra profesión: “Yo creo que esta perspectiva de la arquitectura saludable le puede dar también, incluso a los técnicos, ese ingrediente que humaniza nuestra profesión, que le da valor y que también hace que aumente la autoestima de tu propio trabajo.” Sonia reconoce que quizás no todo el colectivo está preparado para dar este paso: “Quizás hay gente que se siente segura y confortable en el contexto actual, pero también hay cada vez más técnicos que quieren buscar algo más, que necesitan encontrar otra cosa, que necesitan darle sentido”.
Sonia es un buen ejemplo de esta forma de replantearse la profesión: “En el año 2010 me uní a BAM, el colectivo de Bioarquitectura Mediterránea, y la pertenencia a un grupo que estaba defendiendo algo me empoderó. Después se ha disuelto pero fueron apareciendo otros grupos. Por ejemplo, en el año 2018 se creó el Grupo de Trabajo de Arquitectura y Salud en el COAC que coordiné yo y reunía a una serie de arquitectos que al final era como una reunión de alcohólicos anónimos”, bromea. “Organizamos algunas jornadas, nos retroalimentábamos entre nosotros en base a lo que queríamos aprender y saber, pero fuimos haciéndonos un hueco en el Colegio y eso posibilitó no sólo que celebráramos un Congreso sino que el concepto de la salud apareciera como un elemento más del lenguaje del Colegio de Arquitectos. Eso no hubiera sucedido si no hubiera habido esa masa crítica de arquitectos que tenían ese interés”, confiesa. “Después del último Congreso hemos actualizado la herramienta, Espai Interiors Saludables que se creó en 2020 dentro de la oficina técnica del Colegio. Aunque sólo es accesible para arquitectos colegiados en Cataluña, es una herramienta para capacitar a técnicos. Todo empezó con aquellos movimientos”.
Aunque despacio, los frutos de este trabajo colectivo van llegando. “En los pliegos de los últimos concursos del INCASÒL ya se pide que, igual que tiene que haber un especialista en instalaciones dentro del equipo de proyecto, tiene que haber un especialista en arquitectura y salud”. “Lo mismo ocurre en el IMHAB de Barcelona, que es la agencia municipal de vivienda pública. Que empiece a aparecer esto en obras públicas, en vivienda social, ya significa que está pasando algo y esto hace también que el sector privado se cuestione qué va a hacer. Esto es el resultado del trabajo de todo un colectivo que ya se está replicando en otros Colegios, como el de Ingenieros Industriales, que tienen mucho interés en ver cómo se ha trabajado todo esto en el COAC para replicarla en el suyo”, nos relata Sonia con satisfacción. El interés de las administraciones por las implicaciones de la salud en la edificación nos parece un hito importante por su repercusión en las políticas públicas y la tracción que pueden generar. Para Sonia la clave de esta nueva sensibilidad dentro de la administración la respuesta está de nuevo en el trabajo del colectivo: “En este grupo de Trabajo de Arquitectura y Salud había gente de la administración. Cada uno después, trabajando desde su lugar, va tejiendo esa red hasta que sus cabos se encuentran”.
“Una persona ha facilitado que una puerta se abriera pero después ha habido otra al lado que ha abierto otra y todo eso se ha convertido en una cadena que ha materializado una realidad. Pero tiene que haber un esfuerzo colectivo, tiene que haber una visibilización, una apuesta en común, si no es muy difícil”.
A estas alturas de la entrevista, la necesidad de avanzar en el camino de la redefinición clásica del trabajo de los técnicos parece ya evidente. “Yo creo que desde la soledad de tu mesa de despacho va a ser muy difícil afrontar todos estos retos, porque nos superan, pero por eso precisamente confío en la fuerza del colectivo y en encontrar todas estas estrategias cercanas que empoderan a la individualidad para establecer cuáles son los objetivos comunes y dónde enfocar el esfuerzo”, nos dice. El resultado natural de este proceso de expansión de las redes de trabajo es la transferencia de conocimiento entre distintos colectivos centrados en ámbito de la salud. Como confirma Sonia, “todo este impulso tiene como resultado la transferencia de conocimiento. Por ejemplo, en Cataluña han surgido en la Academia de Ciencias Médicas dos nuevas sociedades que vinculan arquitectura y salud. Ya no somos sólo los arquitectos los interesados en salud y edificación. En el Colegio de Médicos también ha aparecido ahora un nuevo grupo que habla de salud ambiental. Es otra profesión pero estamos hablando un lenguaje común. Algo parecido está ocurriendo con el Colegio de Ambientólogos, con el que estoy también en contacto, porque el tema de la construcción también les afecta”. Incluso en el campo de la investigación de disciplinas como la medicina, la biología o la epidemiología las influencias de los entornos construidos en la salud humana está viviendo un interés renovado.
“De golpe está habiendo toda una transferencia de conocimiento y unas relaciones entre instituciones que le dan unos fundamentos todavía más sólidos a todo este movimiento. Ese trabajo multidisciplinar impulsa que pasen cosas a nivel de transferencia de conocimiento”.
El panorama que dibuja nuestra especialista supone un revulsivo para nuestras profesiones, que pasan a ocupar un lugar propio dentro de un ecosistema de conocimiento y práctica que tiene la salud como eje central. Ante este nuevo enfoque, Sonia es realista: “A lo mejor es un camino sinuoso donde se van abriendo y cerrando puertas, pero no tienes que dejar de estar ahí. Para mí es evidente la necesidad de formarse para entender todo eso, puesto que no puedes defender algo que no estás entendiendo en profundidad. Quizás todavía estemos a tiempo de evitar que pase con la salud lo que ha pasado con la sostenibilidad”, dice refiriéndose a prácticas de health washing que ya estamos viendo. “Parece que una vivienda Passivhaus con un sistema de ventilación ya es un edificio saludable, y no es así. La idea no es tener la receta, no es tener la solución, sino tener las herramientas que te permiten entender esta nueva realidad de manera muy amplia y poderla defender”. La certeza desde la que nos habla Sonia despeja definitivamente nuestro papel: “Los informes, las evaluaciones… pueden estar bien pero si la salud es una urgencia, dejémonos de darle vueltas a una teoría, pongámonos manos a la obra”.
“Somos agentes de cambio que, además, podemos actuar a niveles que podrían escapar de nuestra acción personal pero que están a nuestro alcance si nos apoyamos en algún colectivo que nos sirva de palanca”.
En este punto le planteamos a Sonia cómo ve el encaje del papel de la dirección de ejecución de obra, una misión que se acomete, en principio, cuando el diseño está ya cerrado: “Ahora mismo sí que en el sector técnico hay una línea roja muy marcada entre el arquitecto y aparejador, pero realmente en proyectos de este tipo tiene que estar muy cohesionado el equipo, y que el aparejador llegue cuando empieza la obra, pues a lo mejor no tiene sentido. Plantear desde las primeras fases la colaboración con arquitectos técnicos tiene sentido precisamente en el trabajo con nuevos materiales que quizás se salen de la zona de confort del arquitecto. Si trabajamos en equipo y de manera cohesionada con el resto de agentes que forman parte de la obra, a todos nos va a costar menos”. “Cuando hay una alineación fantástica entre los técnicos, también los que forman parte de la constructora, que no dejan de ser técnicos, las cosas en obra fluyen y funcionan muy bien. Sería muy interesante que eso también sucediera desde el principio”. Y como colofón Sonia nos deja esta reflexión: “Este es precisamente el poder del colectivo, que no es estanco. Cuanto más multidisciplinar y transversal sea el equipo, más capacidad de acción tendrá”.
__________________________________________________________________ Sonia Hernández-Montaño Bou es arquitecta por la ETSAB y especialista en arquitectura saludable por el Instituto Español de Baubiologie (IEB) y el Institut für Baubiologie und Nachhaltigkeit (IBN). Es asesora de entidades públicas y privadas y Directora del Posgrado de Arquitectura Saludable de la escuela SERT (la escuela de educación continua del Col.legi d’Arquitectes de Catalunya ). Más información: https://arquitecturasana.com/
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