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2 sep 2026
Cerrábamos el artículo anterior de esta serie sobre el proyecto Lugo+Biodinámico señalando que encontrar las respuestas correctas exige estar dispuesto a buscarlas en el territorio, en los materiales, en las personas y en los saberes que ya están ahí. Celia Martínez Hidalgo, con quien hemos charlado para preparar esta nueva entrega, es en muchos sentidos, el ejemplo vivo de esa disposición. Es arquitecta, doctora en urbanismo, profesora universitaria e investigadora especializada en infraestructuras verde-azules y resiliencia climática. Y es también, una de las autoras del Catálogo de Soluciones de Diseño Urbano del proyecto LIFE Lugo+Biodinámico, concretamente la responsable de las fichas del vector agua.
La gestión del agua de lluvia como sistema integrado es el punto de partida de las trece soluciones del catálogo GUD-LUGO dedicadas al vector agua (1)
Cuando comenzamos nuestra conversación preguntándole cómo encaja su perfil profesional con la gestión del agua dentro de un proyecto de adaptación climática urbana, nos remite a su propia experiencia autobiográfica.
El agua y el verde, siempre unidos como material de proyecto
La trayectoria de Celia no siguió el itinerario lineal que la formación académica convencional suele trazar. Antes de terminar la carrera de arquitectura en Granada empezó a trabajar en el Laboratorio de Urbanismo que dirigía el catedrático José Luis Gómez Ordóñez, un espacio de investigación en el que se encontraban arquitectos, ingenieros de caminos y ambientólogos. «Ya entonces, antes de terminar la carrera de Arquitectura, empecé a trabajar con esa transdisciplinaridad», recuerda. «Trabajábamos juntos en proyectos de investigación sobre las cuencas fluviales del río Segura, el Guadalquivir, o el corredor fluvial el río Genil (2), mediante distintos proyectos de investigación».
Ese contexto fue el que despertó en ella el interés por el agua, al que se sumó una razón personal que no oculta: es murciana, y los murcianos, dice con una sonrisa, «lo del agua lo tenemos claro. Su falta, en este caso». Desde ahí, el agua y el verde empezaron a aparecer en su trabajo como lo que en esta serie hemos ido llamando “material de proyecto”: no se trata ya de diseñar intervenciones para contener los riegos y amenazas asociadas a la gestión del agua, sino de incorporarla con la misma entidad proyectual que los volúmenes, las rasantes o los cerramientos.
En el caso de Celia, el salto entre la vertiente académica y la práctica profesional real se produjo en un lugar inesperado: Noruega. Una compañera del laboratorio, de origen noruego, regresó a su país y desde el ayuntamiento de Skien —una ciudad pequeña al sur de Oslo— la llamó con un problema urgente: un pequeño cauce que venía de un lago de deshielo había sido entubado, y el tubo se había partido bajo la presión de quince metros de basura acumulada sobre él. No había dinero para retirar los residuos en las condiciones exigidas por la normativa europea, no se podía cambiar el tubo, y las viviendas aguas abajo sufrían inundaciones. «Nadie sabía qué hacer, y entonces planteamos hacer un nuevo cauce, recuperar un cauce para el control de inundaciones». El resultado fueron unos siete kilómetros de nuevo cauce vinculado a un parque de regeneración urbana. «Digamos que de alguna forma ahí terminé de cerrar el círculo entre formación, investigación y proyecto profesional». Ese proyecto está recogido en el Catálogo de Soluciones de Diseño Urbano como uno de sus ejemplos de referencia.
El proyecto Kjørbekk (Skien, Noruega), en el que Celia Martínez participó como parte del equipo de WOL Arquitectura y Paisaje (3)
La influencia de la Alhambra y el paisaje de la Vega de Granada —Celia estudió arquitectura en Granada y durante sus años de formación pudo recorrerla con calma, como privilegio de estudiante— aparece también en nuestra conversación. El manejo del agua en la Alhambra tiene implicaciones que van mucho más allá de su canalización y distribución: «el agua actúa como símbolo, placer, elemento sensorial, regulador térmico y sonoro». Es el ejemplo de un modelo urbano donde el agua es protagonista absoluta del diseño, un entramado que se conecta con una Vega históricamente vertebrada a partir de un denso y capilar sistema de acequias, que demuestra cómo la gestión del agua puede construir y sostener un territorio productivo y su paisaje a lo largo de los siglos.
«El agua y el verde los concibo siempre unidos, como material de proyecto. Igual que nos manejábamos con volúmenes, con rasantes, también el agua y el verde pueden ser un material con el que proyectar.»
La urgencia que ya no se debate
Le preguntamos a Celia si sigue percibiendo resistencias cuando habla de cambio climático en los entornos en los que trabaja. Su respuesta es matizada y, en el fondo, moderadamente optimista. «Creo que en estos veinte años se ha avanzado muchísimo en cuanto a que la mayoría de la gente tiene claro que el cambio climático está aquí. Sufrimos sus efectos, lluvias torrenciales cada vez más frecuentes, periodos más largos de sequías, olas de calor concatenadas, etc.». El problema actual no es tanto el negacionismo, como la politización y su uso como arma arrojadiza para defender determinados modelos económicos.
El reto, incluso para alguien con su trayectoria, es la forma en que la variabilidad de la disponibilidad del agua desafía los supuestos más arraigados. Una cosa es la escasez que Celia conoce desde la infancia en Murcia. Otra es constatar que Lugo —en Galicia, en el noroeste lluvioso— tenga que recurrir algunos veranos al suministro de agua en camiones cisterna o imponer medidas para limitar su uso. «Da igual dónde estés: al final es un recurso necesario para todo». Y añade algo que está en el núcleo del catálogo: el problema del agua urbana no es solo cuánta cae, sino cuándo, cómo y sobre qué. Los episodios se concentran, se vuelven más cortos e intensos, y la ciudad convencional —impermeabilizada y diseñada para evacuar el agua lo más rápido posible— no está preparada para absorber esa variabilidad.
Tampoco el ciclo convencional del agua responde a criterios de resiliencia. «¿Por qué mezclamos el agua de lluvia limpia con las aguas fecales en redes unitarias? No tiene sentido constructivo ni ambiental». Utiliza una analogía clara: a nadie se le ocurriría mezclar la comida podrida con la recién comprada. Sin embargo, el modelo de saneamiento dominante obliga a depurar el cien por cien del caudal resultante, encareciendo el tratamiento y los cánones, mientras aumenta la complejidad de los contaminantes emergentes a eliminar, como microplásticos, antibióticos y metales pesados. Aunque a nivel legislativo se ha avanzado bastante, -el marco normativo nacional y europeo converge de forma clara hacia la implantación de redes separativas en nuevos desarrollos e intervenciones urbanas-, es necesario acelerar su implementación.
«Da igual donde estés: el agua es un recurso que necesitas para todo. El problema no es solo cuánta cae, sino cuándo, cómo, y sobre qué, la ciudad convencional no está preparada para esa variabilidad.»
Materializando el Catálogo de Soluciones
El encargo inicial del Concello de Lugo era genérico: un catálogo de soluciones sostenibles. Definir las áreas temáticas, el número de fichas, las escalas y las transversalidades fue una labor que el equipo redactor fue construyendo y discutiendo internamente y con el Concello. «Las fichas del catálogo cambiaron muchas veces. Al final salieron las transversales, y también la idea de que pudiese leerse de forma combinada… fue algo que se trabajó bastante, también que su lectura fuese fácil».
Un acierto fue definir con pragmatismo al destinatario: los técnicos municipales y aquellos vinculados a asociaciones de vecinos, centros educativos o laborales. Esta decisión determinó la adopción de indicadores geométricos y volumétricos que prescindieran de instrumentación compleja, así como el desarrollo de una calculadora ambiental accesible. Aunque la pandemia canceló las sesiones programadas de transferencia de conocimiento con asociaciones y vecinos, el catálogo ha saltado con éxito a las aulas universitarias de España y México.
Pero hay otro camino de transferencia que Celia menciona con especial satisfacción, y que va más allá de la universidad. En paralelo al proyecto de Lugo, el equipo aplicó varias de las soluciones del catálogo a otros proyectos, en concreto relata la experiencia en el patio de un colegio: zanjas de infiltración, jardines de lluvia, todo ello diseñado de forma colaborativa con los propios estudiantes. «Ese sí se construyó», dice. Como comentamos con Celia, actuaciones como ésta, puntuales pero ejemplares, demuestra que las herramientas del cambio no son patrimonio exclusivo de técnicos o académicos. Empieza antes, en cualquier patio de colegio donde alguien decida explicarle a un niño por qué el agua de lluvia no tiene por qué irse por el desagüe. La responsabilidad de la academia es, precisamente, divulgar ese conocimiento.
Esquema de zanja de infiltración según la ficha AG03 del catálogo GUD-LUGO (4)
«Lo que no llegó al Concello de Lugo llegó a las aulas. Y lo que no llegó a las aulas llegó a un patio de colegio. El conocimiento encuentra sus propios caminos cuando alguien tiene la voluntad de abrirlos.»
Indicadores, umbrales y la calculadora
Dos de los elementos más originales del catálogo son su sistema de indicadores con doble umbral —mínimo y deseable— y la herramienta de cálculo de efectos ambientales que los acompaña. Le preguntamos a Celia cómo se construyeron y la respuesta revela el rigor del proceso: «Basamos nuestro trabajo en la revisión sistemática de literatura existente, del estado del arte. Estudiamos otros catálogos y guías del contexto internacional y nacional, sobre todo los australianos y los de Norteamérica, que tenían mucho trabajo hecho en indicadores».
El reto fue adaptar dichos parámetros a la realidad climática y constructiva de Lugo, garantizando que fueran calculables mediante variables sencillas (como la proyección de sombras o volúmenes de retención).
Esta gradación permite aplicar las soluciones a distintas escalas, desde una rehabilitación de cubierta en una comunidad de vecinos hasta una reurbanización completa. Por su parte, la calculadora ambiental, ideada por director del equipo el ingeniero de caminos Jesús Ángel Martínez, simplificó la evaluación técnica permitiendo introducir parámetros sencillos para obtener resultados directos de absorción de CO2 o retención hídrica. Tenían que ser accesibles: «si estábamos diciendo que era la administración local, o la comunidad de vecinos, o el equipo docente de un centro el que podía aplicar las soluciones planteadas, pues obviamente no podíamos pedirles instrumentos de medición complejos». Muchos de los indicadores se definieron a partir de geometría y volúmenes — como por ejemplo la cantidad de sombra proyectada o el volumen de agua retenida— que cualquier técnico puede calcular sin equipamiento especial.
La lógica de los dos umbrales responde a una distinción entre lo que es irrenunciable para que la intervención sea efectiva y lo que es óptimo. «El umbral mínimo fue a lo que no se podía renunciar, como mínimo esto. El umbral deseable fue a máximos». Esa gradación es lo que permite al catálogo funcionar con realidades muy distintas: una comunidad de vecinos que quiere reurbanizar sus espacios comunes y opte por renaturalizarlos y gestionar el agua no necesita alcanzar el umbral deseable para que valga la pena intentarlo.
La calculadora ambiental «fue una idea fantástica», reconoce Celia. Y añade algo que conecta directamente con lo que esta serie ha ido argumentando desde el artículo de Laura Reus: «medir permite también hablar mejor entre disciplinas. Al final cada parte aporta desde un lado, pero el objetivo es el mismo. ¿Cuánto CO2 gasta mi baldosa? ¿Cuánto absorben los árboles que he puesto? Eso lo puede entender todo el mundo». Los indicadores, en definitiva, no solo miden: crean un idioma común entre perfiles.
«Los indicadores van más allá de la simple burocracia: medir nos permite construir un lenguaje común e interdisciplinar. Además, la medición aporta un valor clave: la capacidad de autocorregirse, tanto en la fase de diseño como durante la ejecución, impulsando así el aprendizaje continuo.»
Soluciones basadas en la naturaleza
En un momento de nuestra conversación Celia formula con precisión el obstáculo principal al que se enfrentan las soluciones basadas en la naturaleza: «hay que romper las barreras disciplinarias y mentales. Nos han educado, también en la universidad y en los propios colegios profesionales, a encajar en compartimentos muy estancos, y obviamente la ciudad, el territorio y el cambio climático son transversales a todo». Las soluciones basadas en la naturaleza, insiste, trabajan exactamente desde esa transversalidad, porque la naturaleza no entiende de competencias profesionales ni de departamentos municipales separados.
Las soluciones de infiltración en el espacio público —franjas vegetadas, pavimento permeable, sistemas de biorretención— prolongan en la calle la misma lógica que la ficha AG03 aplica en la parcela (5)
Lo que eso implica en la práctica, en los ayuntamientos, es algo que Celia describe con una imagen concreta: «están empezando a entender que el responsable de parques y jardines y el arquitecto municipal tienen que sentarse juntos en una mesa. Y que el de parques y jardines tiene mucho que aportar desde su conocimiento de la gestión, del mantenimiento, de los recursos que necesitan, de cómo responden las cosas vivas». Un conocimiento que la arquitectura y la ingeniería convencionales no tienen y que, sin embargo, es imprescindible cuando las soluciones son, literalmente, organismos vivos que cambian con el tiempo y con las estaciones.
Esta dimensión temporal altera el concepto clásico de permanencia arquitectónica. Trabajar con material vivo implica gestionar la incertidumbre, el cambio estacional y el tiempo. «Frente a la variabilidad climática, el objetivo de la infraestructura urbana debe ser la adaptación flexible, no la resistencia rígida», advierte Celia, añadiendo una alerta contra el greenwashing o maquillaje verde en proyectos que se etiquetan erróneamente como SbN sin cumplir con criterios de rigor ecológico. El pensamiento crítico, aquí como en todo, no es opcional.
«La naturaleza no entiende de cajones estancos, y las soluciones basadas en ella tampoco. Una vez superados esos límites disciplinarios, que además es muy divertido meterte en los charcos ajenos, el resultado es mucho más enriquecedor que estar siempre haciendo lo mismo.»
Del detalle tipo a la creatividad: el papel del técnico
Cuando enfocamos nuestra conversación en el terreno específico del arquitecto técnico, Celia no evita el diagnóstico incómodo: los errores de diseño, como elevar las rotondas o colocar bordillos que impiden el ingreso de agua a los parterres, no se deben a una mala intención, sino a la inercia constructiva y la repetición sistemática de soluciones tipo.
La normativa, los softwares de presupuestos y los pliegos de contratación pública están diseñados para soluciones tradicionales gris-ingeniería y rara vez contemplan encargos de SbN o unidades de obra como "cuneta vegetada". Esto obliga al director de ejecución a un trabajo laborioso, para su correcta justificación técnica y económica. Afortunadamente, el mercado evoluciona y tecnologías como los pavimentos filtrantes o las estabilizaciones con cal ya empiezan a codificarse en los bancos de precios de referencia.
El cambio metodológico es sencillo, pero de gran impacto.
Las cunetas vegetadas no dejan de ser canales anchos, de poca profundidad, cubiertos de vegetación que reciben escorrentías procedentes de zonas impermeables adyacentes (6)
Celia retoma el ejemplo de la rotonda para ilustrar el cambio de perspectiva que propone: «una rotonda convencional expulsa el agua hacia la calzada y los imbornales sobrecargando la red. Diseñada con una sección deprimida hacia el interior, se transforma en un espacio de retención e infiltración natural sin necesidad de incorporar tecnologías costosas, solo modificando las rasantes de diseño». Es una decisión que no requiere ninguna tecnología especial. La creatividad requiere, simplemente, mirar atentamente, sorprenderse y preguntarse por qué se hace así antes de repetirlo por inercia.
Cómo empezar
Le pedimos a Celia, como hemos hecho con cada interlocutor de esta serie, que proponga un punto de partida para quien quiera incorporar estas ideas a su práctica cotidiana. Su primer consejo es el más sencillo y también el más difícil de sostener: mirar. «Quiero decir, realizar una observación crítica del entorno: analizar qué soluciones tradicionales funcionaban por simplicidad y lógica territorial antes de la excesiva estandarización industrial de los detalles constructivos. La industrialización y la normativa nos han llevado a aplicar soluciones muy típicas -y tópicas- y probablemente excesivas e innecesarias». Celia apela aquí a la tradición constructiva no con nostalgia sino como base de datos de soluciones de baja tecnología largamente experimentadas: los muros de piedra con vegetación del norte, las cunetas vegetadas, los aljibes del levante y el sur peninsular…Conocimiento depurado y anclado al medio que la normativa, adaptada a los procesos industriales, fue borrando.
Para quien quiera referencias más sistemáticas, Celia recomienda una herramienta concreta y asequible: la Guía del Ayuntamiento de Valencia sobre Sistemas Urbanos de Drenaje Sostenible (SUDS) y el catálogo GUD-LUGO, naturalmente, con toda la bibliografía que incluye cada una de sus fichas.
La conversación con Celia termina haciendo alusión a la pregunta con la que empezaba nuestra charla: ¿qué hace una arquitecta hablando de agua? Y la respuesta, en el fondo, llega siempre, como ya hemos visto a lo largo de todas nuestras entrevistas, a través de quienes han aprendido a saltar sus propios límites disciplinares. La naturaleza no entiende de cajones estancos. Tampoco, cada vez más, los proyectos que pretendan ser parte de la solución en lugar del problema.
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Celia Martínez Hidalgo es arquitecta y doctora en Urbanismo por la Universidad de Granada, con una trayectoria docente e investigadora centrada en el urbanismo, la ordenación del territorio y el medio ambiente en contextos nacionales e internacionales —Noruega, Chile, Italia y México—. Su investigación aborda sistemas territoriales complejos, con especial atención a las infraestructuras verde-azules, el patrimonio hidráulico territorial y la resiliencia climática. Ha formado parte de la Oficina Técnica del Mar Menor (MITECO) y colabora actualmente como asesora del Comisionado para el ciclo del agua y restauración de ecosistemas del MITECO. Como profesional independiente, ha participado en diversos planes y proyectos entre ellos LIFE Lugo+Biodinámico y plan estratégico de prevención de inundaciones mediante actuaciones de gestión de agua y restauración de ríos en el entorno periurbano de Kjørbekkdalen, Skien (Noruega). Más información en: https://orcid.org/0000-0001-6431-5245
Bibliografía
Referencias
(1) Fuente: https://www.lugobiodinamico.eu/catalogo/es/proyectos/ag01-diseno-de-red-drenaje-natural/
(2) URI: http://hdl.handle.net/10481/5717
(3) Planteó recuperar un cauce entubado bajo quince metros de vertedero para convertirlo en un parque de regeneración urbana vinculado al control de inundaciones. Fuente: https://www.worksonland.com/projects/kjorbekk-from-pipeline-to-landscape/
(4) Una solución que el equipo de Lugo+Biodinámico aplicó también en el diseño participativo del patio de un colegio. Fuente: https://www.lugobiodinamico.eu/catalogo/es/proyectos/ag03-retencion-e-infiltracion-de-agua-en-la-edificacion/
(5) Fuente: https://www.lugobiodinamico.eu/catalogo/es/proyectos/ag06-infiltracion-de-agua-en-la-calle/
(6) En la imagen, cuneta vegetada con represas para ralentizar la escorrentía y favorecer la infiltración en Xátiva (Valencia). Fuente: https://labur.eus/vk86wvvd
Palabra clave
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