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27 ene 2026
Ejercer hoy en el ámbito de la edificación conlleva convivir con una sensación compartida de cambio permanente. Nuevas normativas, nuevos marcos de referencia, nuevas exigencias técnicas y sociales se superponen a un día a día ya de por sí complejo. Para muchos profesionales de nuestro sector, este contexto se traduce en una combinación de incertidumbre, saturación y, en ocasiones, resistencia: no tanto al cambio en sí, como a la velocidad y a la forma en que este se nos presenta. La sensación de estar siempre al límite no es, por desgracia, nueva en nuestra profesión, pero el ritmo al que los cambios se están sucediendo en los últimos años hace que se intensifique, a veces de forma notablemente incómoda. A la presión habitual de plazos, presupuestos y responsabilidades se suman ahora expectativas que desbordan el marco tradicional de nuestras intervenciones: responder a la emergencia climática, incorporar criterios de salud, reducir impactos, anticipar futuros escenarios de uso, asumir nuevos requisitos documentales. Todo ello en un contexto donde las reglas del juego parecen cambiar antes de haber sido completamente asimiladas. Hemos oído hablar mucho de sostenibilidad, descarbonización, economía circular, salud o biodiversidad. Los artículos que venimos presentando en esta campaña de Profesionales de la arquitectura técnica ante el cambio climático son buena muestra de ello. Son conceptos cada vez más presentes en discursos institucionales, jornadas técnicas y documentos estratégicos. Sin embargo, para una parte significativa del sector, estas cuestiones siguen percibiéndose como algo difuso, lejano o incluso accesorio frente a otras urgencias habituales del ejercicio profesional. La realidad cotidiana de la obra —plazos ajustados, presupuestos limitados, responsabilidades crecientes y una presión normativa que no siempre viene acompañada de herramientas claras para su aplicación práctica— actúa como un filtro que dificulta la traducción de esos grandes conceptos en decisiones realmente operativas.
Y, sin embargo, algo está cambiando. Quizás no de la forma prevista y ordenada que habíamos imaginado, pero sí de manera perceptible. Detectamos urgencias que todavía no se viven como tales por una parte importante del sector, no porque carezcan de impacto, sino porque sus efectos más visibles se van manifestando de forma progresiva, acumulativa y, a menudo, fuera del foco del día a día de nuestra actividad. Urgencias que no siempre generan el efecto disruptor que cabría esperar, pero que están redefiniendo silenciosamente las condiciones en las que se ejerce la profesión. En los últimos años hemos ido recogiendo en la web de este Colegio reflexiones, entrevistas y artículos técnicos que abordan estas transformaciones desde distintos ángulos. Leídos de forma individual, cada uno aporta claves valiosas. Leídos en conjunto, permiten quizás algo más ambicioso: reconocer un hilo común que atraviesa todas estas aportaciones y que tiene menos que ver con los temas tratados que con las personas que los están afrontando desde su práctica profesional. No pretendemos en este nuevo artículo, que abre 2026, resumir lo ya publicado ni reiterar diagnósticos conocidos. Su objetivo es ofrecer una mirada integrada, poniendo el acento en el aspecto humano del cambio: en cómo estas urgencias interpelan directamente a la forma de trabajar, de decidir y de entender nuestra profesión y nuestro oficio. Porque, más allá de marcos conceptuales o estrategias sectoriales, el verdadero reto reside en cómo los profesionales —cada uno desde su ámbito y con sus limitaciones— están empezando a alinear su práctica con unas nuevas reglas del juego que, antes o después, se impondrán. No se trata de señalar modelos ideales ni de anticipar soluciones cerradas, sino de reconocer que el cambio ya está en marcha y que, en muchos casos, se está produciendo desde dentro del propio sector, a través de decisiones pequeñas, incómodas y a menudo poco visibles. Ahí es donde comienza realmente la transición.
Durante mucho tiempo, el ejercicio de la arquitectura técnica se ha apoyado en una cierta idea de neutralidad. El técnico, aplicando criterios objetivos y normalizados, resuelve problemas concretos y garantiza que el edificio cumpla con unas condiciones de diseño previamente definidas. Esta forma de entender el oficio ha sido —y sigue siendo— imprescindible para asegurar calidad, seguridad y fiabilidad en el proceso constructivo. Ha permitido ordenar responsabilidades, delimitar competencias y dotar de estabilidad a una profesión estrechamente ligada a la materialidad y a la ejecución. Sin embargo, esa idea de neutralidad empieza a resquebrajarse en un contexto más dinámico, reflejo de la realidad actual. Hoy se construye en un escenario marcado por la emergencia climática, la presión sobre los recursos, la desigualdad social y una creciente complejidad normativa. Las condiciones ambientales, sociales y económicas han dejado de ser un telón de fondo para convertirse en factores que influyen de forma directa en la viabilidad de los proyectos y en sus impactos a medio y largo plazo. Ignorar ese contexto no hace que desaparezca. Simplemente desplaza sus efectos hacia fases posteriores, cuando corregirlos resulta más costoso o, directamente, imposible. Esta constatación aparece de forma recurrente en los artículos publicados a lo largo del último año, no como una consigna teórica, sino como una experiencia compartida: la sensación de que seguir trabajando como si el marco no hubiera cambiado genera una fricción creciente entre lo que se sabe y lo que finalmente se hace.
Decisiones que se toman con incomodidad. Soluciones que cumplen la normativa, pero dejan dudas. La conciencia de que existen alternativas mejores que no siempre encuentran espacio en los proyectos. La percepción de que la información disponible ha avanzado más rápido que las estructuras que deberían permitir aplicarla con normalidad. La fricción se manifiesta de forma clara y los argumentos son de sobra conocidos. Cuando se pregunta a los profesionales por cómo afrontar esta situación, las respuestas rara vez apuntan a grandes gestos o cambios radicales. Aparece, en cambio, la necesidad de asumir una actitud distinta frente al propio oficio: reconocer que el contexto ha cambiado, aceptar que la neutralidad absoluta ya no es posible y desarrollar un criterio capaz de incorporar nuevas variables sin perder el rigor técnico. En ese proceso, la ética profesional deja de ser un marco abstracto para convertirse en una práctica cotidiana. No se trata de adoptar posiciones ideológicas, sino de hacerse cargo de las consecuencias de las decisiones que tomamos.
En un contexto profesional marcado por la incertidumbre, la formación deja de ser una actividad puntual para convertirse en una condición permanente del ejercicio. No basta con actualizarse cuando cambia la normativa o cuando aparece una nueva herramienta. Lo que se pone en cuestión es, más bien, la forma en que se construye el criterio profesional.
Muchos de los artículos publicados durante 2025 insisten, desde perspectivas distintas, en esta idea: aprender hoy no significa acumular más información, sino desarrollar la capacidad de leer el contexto, formular buenas preguntas y revisar decisiones tomadas a la luz de nuevos datos. Una forma de aprendizaje más situada, menos académica y más ligada a la práctica real. Cuando hemos preguntado a nuestros invitados qué pasos consideran relevantes para profundizar en una nueva manera de ejercer la profesión, las respuestas suelen ser sorprendentemente concretas. Hablan de dedicar tiempo a entender los impactos de los materiales que se emplean habitualmente, de formarse en ámbitos que tradicionalmente quedaban fuera del perfil técnico —salud, economía circular, biodiversidad— y de hacerlo sin la pretensión de dominarlo todo, sino de adquirir un lenguaje común que permita dialogar con otros perfiles.
Aparece también con fuerza la idea de cultivar la curiosidad como herramienta profesional como una forma de mantenerse alerta ante un contexto que cambia con rapidez. Leer, escuchar a otros profesionales, contrastar experiencias y compartir dudas se convierten en prácticas tan relevantes como dominar una normativa o una herramienta de cálculo. Este aprendizaje continuo implica, además, revisar prácticas heredadas que durante años han funcionado sin cuestionamiento. Preguntarse por qué se hace algo de una determinada manera, qué alternativas existen y qué efectos tendría introducir pequeños cambios. No siempre para aplicarlos de inmediato, pero sí para ampliar el campo de posibilidades. Volver a decidir forma parte de este proceso. Asumir que una decisión tomada en un momento concreto puede necesitar ajustes más adelante no es un signo de debilidad profesional, sino de adaptación. En este sentido, como apuntan los profesionales con quienes nos hemos ido encontrando, la capacidad de revisar y corregir se perfila como una de las competencias clave del ejercicio profesional contemporáneo.
Para aparejadores, arquitectos técnicos e ingenieros de la edificación, la materialidad no es una abstracción ni un discurso lejano. Es el lugar desde el que se toman las decisiones y donde sus consecuencias se hacen visibles. Elegir un material u otro, optar por una solución constructiva concreta, aceptar o cuestionar una partida del presupuesto: todas estas acciones tienen efectos que van mucho más allá de la entrega de la obra y la relación contractual con el cliente. Nuestra proximidad a la obra nos sitúa en una posición especialmente relevante. Participamos de forma directa en la cadena de decisiones que configuran el edificio final y su desempeño. Desde esa posición intermedia, a menudo poco visible, se filtran criterios que afectan a la durabilidad, al mantenimiento, al consumo de recursos, a la salud y a los impactos ambientales de los espacios construidos. Durante años, muchas de estas decisiones se tomaron bajo una lógica de repetición: soluciones que funcionaban, detalles conocidos, materiales con los que se estaba familiarizado. Esa lógica aportaba seguridad y eficiencia. Sin embargo, el contexto actual introduce preguntas nuevas sobre prácticas heredadas que durante mucho tiempo no se habían cuestionado.
A lo largo de 2025, varias de las reflexiones publicadas apuntan a este desplazamiento de los criterios para la toma de decisiones: la materialidad se ha convertido en uno de los principales espacios donde se manifiestan las tensiones del cambio. Tensiones entre coste inicial y coste a lo largo del ciclo de vida del edificio, entre rapidez de ejecución y calidad constructiva, entre cumplimiento estricto de la normativa y desempeño real del edificio desde una perspectiva técnica, social y ambiental. Cuando se pregunta a los profesionales por cómo avanzar en este terreno, las respuestas suelen alejarse de soluciones espectaculares. Aparece, en cambio, la importancia de conocer mejor los materiales —los habituales y los menos convencionales—, de entender sus impactos más allá de la ficha técnica y de incorporar criterios de circularidad desde fases tempranas del proyecto. Asumir la materialidad como espacio de responsabilidad no significa cargar al técnico con una exigencia imposible, sino reconocer que su criterio tiene un peso específico en un contexto donde cada decisión suma —o resta— impactos acumulados.
Una de las dificultades a la hora de abordar los grandes retos actuales del sector es que muchos de ellos no se perciben como problemas reales y prioritarios. No generan una alarma inmediata, sino que se manifiestan de manera progresiva, casi imperceptible, en forma de nuevas exigencias que se perciben de forma fragmentada o descontextualizada. El cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la degradación de los ecosistemas o los efectos de determinados materiales sobre la salud operan en escalas temporales largas. Sus consecuencias no siempre coinciden con los tiempos del proyecto ni con los plazos de obra o los de responsabilidad asociados a una intervención. Esta desalineación temporal contribuye a que estas cuestiones se perciban como marginales frente a las tareas del día a día. Sin embargo, varios de los artículos publicados durante el año insisten en una idea clave: cuanto más se pospone la integración de estas urgencias en la práctica profesional, más difícil resulta abordarlas después. No porque falte conocimiento, sino porque las decisiones ya tomadas forman parte del problema y reducen drásticamente el margen de maniobra.
Este desfase entre impacto y decisión genera una sensación de falsa normalidad. Los proyectos avanzan, las obras se ejecutan y los edificios se entregan sin que nada parezca evidenciar un riesgo inmediato. Pero los efectos se acumulan y se hacen visibles más adelante, cuando intervenir resulta mucho más complejo o incluso inviable. Frente a esta dinámica, varios profesionales coinciden en la necesidad de cambiar la escala desde la que se evalúan las decisiones: incorporar horizontes temporales más largos, pensar en el ciclo de vida completo del edificio y asumir que muchas de las decisiones más determinantes se toman en las fases tempranas de los proyectos.Este cambio de mirada no siempre es sencillo. Requiere tiempo, información y, sobre todo, aceptar que las urgencias, a pesar de que no las percibamos como inminentes, son reales y anticipan escenarios críticos a nivel global en un horizonte temporal no muy lejano.
El oficio técnico ha sido concebido tradicionalmente como un espacio de certeza, con procedimientos contrastados y márgenes acotados para la improvisación. Normas, cálculos y detalles constructivos han permitido tomar decisiones con un alto grado de seguridad. Sin embargo, el contexto actual introduce variables que cuestionan estas certezas al ponerlas en relación con sistemas sociales, ambientales y económicos más amplios. Hoy se hace evidente que muchas de las decisiones que se toman en un proyecto no pueden responder a una única lógica. A los criterios constructivos o normativos se suman otros relacionados con impacto ambiental, salud, disponibilidad futura de recursos o adaptabilidad del edificio. Estos criterios no siempre son compatibles entre sí y obligan a ponderar, priorizar y asumir compromisos.
Esta situación, propia de los sistemas complejos, exige aceptar que no existen soluciones universales. En lugar de respuestas correctas o incorrectas, aparecen decisiones más o menos ajustadas a un contexto concreto. Decisiones que requieren argumentación, transparencia y capacidad de revisión dentro de un pensamiento sistémico.
Ejercer hoy implica convivir con la tentativa. No como renuncia al rigor, sino como consecuencia de trabajar en entornos complejos. Fortalecer el criterio propio como una herramienta que permita moverse con solvencia en escenarios donde las respuestas no están dadas de antemano es una de las claves.
Cualquier reflexión sobre la transformación del sector queda incompleta si no incorpora la dimensión económica. Para quienes trabajan en contacto directo con la obra, la viabilidad no es un concepto abstracto, sino una condición indispensable para poder ejercer. Esa una tensión entre los objetivos deseables y los márgenes reales de decisión ha surgido recurrentemente en nuestras conversaciones con los especialistas entrevistados. Presupuestos ajustados, plazos comprimidos y una cadena de responsabilidades fragmentada condicionan la capacidad de introducir los cambios que la situación exige para adaptarse a escenarios de creciente complejidad.
El tiempo emerge aquí como un recurso crítico. Muchas de las decisiones que permitirían mejorar el comportamiento ambiental, la salubridad o la adaptabilidad de los edificios requieren más tiempo en fases iniciales. Un tiempo que rara vez está reconocido, presupuestado o valorado. La falta de este margen temporal empuja, en ocasiones, a reproducir soluciones trilladas, probablemente cuestionables en el contexto actual, reflejo de una rigidez en los sistemas de toma de decisión que recompensa la eficiencia frente a la eficacia. Cuando se pregunta a los profesionales por cómo abordar esta realidad, las respuestas no pasan por ignorar las restricciones económicas, sino por hacerlas visibles. Argumentar el valor del tiempo invertido en decidir mejor, introducir criterios de ciclo de vida en la evaluación económica y negociar espacios de reflexión aparecen como estrategias recurrentes.
Si hay una idea transversal que recorre los artículos publicados durante el último año es que ninguno de estos retos puede abordarse de forma individual. Frente a la imagen del profesional aislado, emerge claramente la importancia de lo colectivo. La complejidad de los retos actuales exige equipos multidisciplinares y coordinados, capaces de integrar miradas. En opinión de nuestros invitados, arquitectos, arquitectos técnicos, ingenieros y especialistas trabajarán cada vez más en escenarios donde el diálogo resulta tan importante como el dominio técnico.
Esta dimensión colectiva incluye también redes profesionales y espacios de intercambio. Varias experiencias subrayan el valor de estos entornos como lugares donde se construye conocimiento situado y se reducen inercias del trabajo aislado. No es casual que los especialistas entrevistados a lo largo de 2025 insistan en la importancia que los Colegios profesionales están jugando como espacios de encuentro dispuestos a acoger iniciativas, generar alianzas y acompañar el cambio.
Leídas en conjunto, las reflexiones recogidas durante 2025 no dibujan un relato cerrado, sino un proceso en marcha. Un proceso irregular, a veces contradictorio, en el que conviven avances, dudas y resistencias. El cambio efectivo no se presenta como resultado de una imposición externa, sino como algo que empieza a gestarse desde dentro del propio sector, a través de decisiones personales y cotidianas que rara vez ocupan titulares, pero que van configurando -ya lo están haciendo- otra manera de ejercer la profesión. Las citas que siguen, extraídas de las entrevistas realizadas durante el año pasado, no añaden teoría ni prescriben soluciones. Aportan algo mucho más valioso: experiencias reales que confirman, matizan y se cuestionan las ideas expuestas hasta aquí. Releerlas permite poner rostro y práctica a un proceso que, aunque no siempre se perciba con claridad, está aquí para quedarse.
Frente a un escenario marcado por la urgencia climática, la presión social y la transformación del propio sector, el ejercicio profesional de la arquitectura técnica se redefine necesariamente. Más allá del mero cumplimiento normativo o de la respuesta técnica aséptica e inmediata, emergen nuevas formas de entender la responsabilidad, la toma de decisiones y el papel del técnico en la sociedad. Las voces que siguen ponen palabras a esa evolución. Leídas en conjunto, estas voces dibujan un paisaje diverso, pero atravesado por preocupaciones comunes: la ética del ejercicio profesional, la capacidad real de acción, el peso de las decisiones cotidianas y la necesidad de asumir un papel activo en una transición que ya no puede aplazarse.
________________________________________ "Hoy ya somos capaces de entender los impactos de nuestra labor como técnicos, y simplemente no es ético ignorarlos." "Limitarse al cumplimiento del Código Técnico no es ir por delante: es ir por detrás de lo que el contexto actual requiere." "Tenemos capacidad real de decisión. Podemos tomar decisiones que cambian el edificio final y aprovechar esa capacidad de acción para favorecer una transición justa."
Miguel SegoviaArquitecto urbanista, miembro del área de desarrollo y contenidos de Green Building Council España (GBCe) y coautor del capítulo sobre transición justa del Informe País 2024. Trabaja en proyectos de descarbonización, rehabilitación y gobernanza del sector. Enlace a su entrevista: https://www.coaatbi.org/tecnicos-edificacion-ante-cambio-climatico/edificacion-y-transicion-justa-lo-social-como-urgencia-y-criterio-intervencion
________________________________________ "Limitarse al cumplimiento de la normativa no es una opción responsable." "El técnico se ha de creer más su oficio. Tiene el poder de hacer de las vidas de la gente vidas mejores." "No se trata de colgar etiquetas, sino de hacer edificios mejores."
Ricard SantamaríaSocio director de H.A.U.S. Healthy Buildings. Combina formación en ciencias empresariales, medicina y humanidades, y trabaja actualmente en finanzas sostenibles y criterios ESG aplicados a la edificación. Enlace a su entrevista: https://www.coaatbi.org/tecnicos-edificacion-ante-cambio-climatico/viabilidad-economica-sostenibilidad-y-salud-en-edificacion-coste-al-valor
____________________________________ "La salud es una urgencia que no puede desvincularse de los aspectos medioambientales." "Aunque la normativa llegue mal y tarde, si hablamos este lenguaje podemos tomar decisiones que hagan posible el cambio." "El cambio está en la masa crítica y no en una estructura."
Sonia Hernández-MontañoArquitecta especializada en arquitectura saludable, asesora de entidades públicas y privadas y directora del Posgrado de Arquitectura Saludable de la Escola Sert (COAC). Trabaja en la integración de salud y edificación desde una perspectiva sistémica. Enlace a su entrevista: https://www.coaatbi.org/tecnicos-edificacion-ante-cambio-climatico/salud-y-edificacion-fuerza-colectivo
________________________________________ "Nuestra civilización afronta una situación de policrisis sin precedentes en la historia de la humanidad." "El sector de la construcción tiene un peso enorme en términos de impactos ambientales y sociales, y desde ahí debe plantearse qué papel quiere jugar." "La visión de túnel del carbono nos impide entender la magnitud real del problema."
Ignasi CubiñàBiólogo y empresario, especialista en economía circular y análisis sistémico. Colabora con GBCe y otras entidades en la reflexión estratégica sobre los límites del modelo productivo actual. Enlace a su entrevista: https://www.coaatbi.org/tecnicos-edificacion-ante-cambio-climatico/construccion-circular-una-puesta-en-contexto
________________________________________ “Es urgente formarnos y es urgente adquirir consciencia para responsabilizarnos del gran impacto de nuestro trabajo sobre la salud de las personas y la del medio ambiente en un escenario de emergencia climática.” “Además de la formación reglada, pisar obra con colegas y fabricantes se ha convertido en algo habitual en nuestro estudio. Lo hemos hecho muchísimo y lo seguimos haciendo. Creo que este espíritu de colaboración, de sumar conocimiento, es clave.” “Cuando entiendes por qué aparecen estas nuevas regulaciones y dejas de verlas como una nueva imposición para verlas como un nuevo paradigma en la forma de trabajar, entonces, todo cambia”.
Jade SerraArquitecta centrada en la investigación y producción de arquitectura de impacto nulo. Compagina su actividad profesional con el activismo climático participando de forma activa en lobbies para la descarbonización del sector en todo el estado. Enlace a su entrevista: https://www.coaatbi.org/tecnicos-edificacion-ante-cambio-climatico/descarbonizar-arquitectura-pasar-a-accion
________________________________________ "Tenemos la oportunidad de hacer un trabajo imprescindible y urgente, que implica un cambio de paradigma." "Nuestras profesiones trabajan para un bien común, no sólo para crear un edificio para un promotor." "Para que haya sostenibilidad ambiental, tiene que haber sostenibilidad económica."
Beatriz de DiegoEspecialista en biodiversidad y edificación, co-autora del Informe País 2023 de GBCe sobre naturaleza y entorno construido. Centra su trabajo en materiales, suelos y protección de hábitats desde la práctica profesional. Enlace a su entrevista: https://www.coaatbi.org/tecnicos-edificacion-ante-cambio-climatico/biodiversidad-emisiones-a-sumideros-carbono
________________________________________ "Cómo nos relacionamos con el agua es una de las mayores evidencias de que estamos ante una urgencia real." "Gestionar mejor el agua en los edificios es una oportunidad profesional clara." "Formarse y cultivar el propio interés es el primer paso para poder actuar."
Víctor ViscorArquitecto especializado en asesoramiento ambiental y vector hídrico. Miembro de la cooperativa Societat Orgànica y docente en la Escola Sert del COAC. Trabaja en proyectos de rehabilitación y adaptación urbana. Enlace a su entrevista: https://www.coaatbi.org/tecnicos-edificacion-ante-cambio-climatico/agua-una-urgencia-invisible
______________________________________ "Estamos ante muchas urgencias porque ya hemos superado varios límites planetarios." "La necesidad de vivienda está tapando otras urgencias que podrían ser una gran oportunidad para hacer las cosas de otra manera." "Estamos en un momento clave de transformación de la humanidad y podemos ser actores activos."
Iñaki AlonsoArquitecto fundador del estudio sAtt, primer estudio BCorp de arquitectura en España, y de la promotora de impacto Distrito Natural. Referente en arquitectura regenerativa y de triple balance. Enlace a su entrevista: https://www.coaatbi.org/tecnicos-edificacion-ante-cambio-climatico/arquitectura-regenerativa-integrando-urgencias-en-una-vision-sistematica-en-edificacion
________________________________________ "Los arquitectos técnicos tenemos una formación que encaja muy bien con esta nueva forma de trabajar, más interdisciplinar." "El equipo arquitectónico tiene que ser heterogéneo. La capacidad de dar respuesta es proporcional a la cantidad de perfiles distintos que tenga." "Para que algo sea sostenible, también tiene que ser divertido."
Joan RomeroArquitecto técnico, doctor por la UPV y miembro del Instituto Valenciano de la Edificación. Su trayectoria combina obra, investigación, docencia y desarrollo de herramientas técnicas aplicables a la administración y la práctica profesional. Enlace a su entrevista: https://www.coaatbi.org/tecnicos-edificacion-ante-cambio-climatico/arquitectura-tecnica-en-encrucijada-urgencias-sector
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